La crisis de confianza del Turismo Carretera ya dejó de discutirse en privado
El pedido de reunión de varios equipos y las nuevas medidas técnicas dejaron al descubierto una tensión que la ACTC trata de resolver puertas adentro. ¿Podrá?
El Turismo Carretera atraviesa un momento en el que cada gesto público pesa más que una clasificación. Lo que comenzó como un pedido formal de algunos equipos para reunirse con Hugo Mazzacane, presidente de la Asociación Corredores Turismo Carretera, escaló hacia una discusión más amplia sobre conducción, credibilidad técnica, poder político e imagen institucional.
En un primer momento, el pedido apareció asociado a un grupo de nueve estructuras. Sin embargo, con el correr de las horas algunos equipos se despegaron de esa lista y aseguraron que fueron incluidos por error. Ese dato no es menor porque reordena el mapa del conflicto. La tensión ya no puede presentarse como un frente amplio y homogéneo de escuderías, pero tampoco desaparece. Al contrario: queda más concentrada en quienes sostienen públicamente el reclamo.

En ese núcleo aparecen tres nombres fuertes: Pradecon Racing, RUS Med Team y Canning Motorsport. Tres estructuras con peso real en el parque del TC, presencia deportiva, pilotos de referencia y una agenda de preocupaciones que ya no se limita a una queja de pasillo.
LA VERIFICACIÓN CRUZADA Y EL LLAMADO AL ACA
El punto técnico que terminó de ponerle volumen al debate fue la decisión de la ACTC de habilitar verificaciones cruzadas en los motores. Desde Alta Gracia, los preparadores podrán medir compresión y cilindrada de motores rivales bajo supervisión del departamento técnico de la categoría, según comunicó la Comisión Asesora y Fiscalizadora. La medida aparece como una respuesta concreta al reclamo por mayor credibilidad en las inspecciones técnicas.
La decisión tiene doble lectura. Por un lado, puede presentarse como una señal de apertura. Por otro, expone que la desconfianza técnica llegó a un punto en el que la entidad debió modificar sus procedimientos para intentar reconstruir credibilidad. Y cuando una categoría necesita reforzar la confianza sobre la legalidad de sus autos, el problema deja de ser solo reglamentario: también es político.

Pero no fue la única señal. En paralelo, Mazzacane le pidió una reunión “sin apuro” a César Carman, presidente del Automóvil Club Argentino, después de casi tres años de relación congelada entre la ACTC y el ACA. El mensaje llegó justo después de que Mazzacane mantuviera una reunión con Gustavo Lema, uno de los propietarios del Canning Motorsport y participante del encuentro de equipos realizado en Termas de Río Hondo.
Ese dato importa por el contexto. Uno de los temas que surgieron entre los equipos fue la necesidad de descomprimir el conflicto entre la ACTC y el ACA, una pelea que dejó de ser un frente aislado para mezclarse con la situación interna del Turismo Carretera. Para varios protagonistas, ambos problemas empezaron a formar parte de una misma discusión: demasiadas tensiones abiertas al mismo tiempo y una conducción obligada a repartir energía entre el reclamo de los equipos, la credibilidad técnica y la disputa por el poder deportivo nacional.
Por eso el pedido de reunión a Carman puede leerse de dos maneras. La positiva: la ACTC entendió que recomponer el vínculo con el ACA puede ayudar a ordenar el automovilismo argentino y bajar el ruido institucional. La más política: el acercamiento también puede funcionar como una señal hacia adentro, para mostrarles a los equipos que la conducción escucha, toma nota y busca resolver algunos de los focos abiertos.

El problema, como siempre, está en los tiempos. Si durante casi tres años no hubo avances concretos y el llamado aparece justo después de una reunión crítica de equipos, es lógico que varios se pregunten si se trata de una decisión estructural o de una maniobra para descomprimir el clima, ganar tiempo y recuperar control político.
En cualquier caso, el movimiento confirma algo: la ACTC empezó a reaccionar. Habilitó controles cruzados en la técnica y buscó reabrir un canal con el ACA. Son dos gestos relevantes. Pero todavía falta lo principal: reconstruir confianza con los equipos que hoy sienten que el problema ya no pasa solo por una revisión técnica o una foto institucional, sino por el modo en que se conduce el Turismo Carretera.
Ese clima empezó a empujar a distintos protagonistas del Turismo Carretera a tomar posición públicamente. Algunos lo hicieron desde la crítica frontal, otros desde una defensa de la conducción actual con reparos, y otros desde una mirada más moderada, enfocada en la necesidad de escuchar lo que se instaló alrededor de la categoría. En todos los casos, las declaraciones dejaron algo claro: el debate ya no gira solo alrededor de una reunión o de una medida técnica, sino sobre la confianza que hoy genera el sistema.
CAMPANERA FUE AL HUESO: “POR FALTA DE CREDIBILIDAD”

Laureano Campanera no eligió los matices. En un posteo en su cuenta de Instagram, el ex piloto apuntó directamente contra la conducción y contra el nuevo esquema técnico. Su frase más fuerte fue sobre la verificación cruzada: “Ahora resulta que el comunicado de la CAF dice que se permite la verificación cruzada… ¿Por qué? ¡Por falta de credibilidad!”.
El mensaje es brutal, pero toca un punto central. Campanera interpreta la decisión de la ACTC no como una mejora preventiva, sino como una admisión de que el sistema anterior ya no generaba confianza. Es una lectura dura, sí, pero no aparece en el vacío. La propia modificación del procedimiento confirma que el tema técnico dejó de ser una discusión menor.
Campanera fue todavía más lejos y pidió directamente abrir el sistema electoral de la ACTC. “¡Llamen a elecciones abiertas ya!”, escribió. Y apuntó contra el modo en que se define quién tiene voz dentro de la institución: “¿Quiénes pueden votar…? No tus socios elegidos a dedo que se cansaron de aplaudirte Hugo querido… Abrí el cupo de socios a los pilotos con al menos 10 años en la categoría o acaso no era una asociación de corredores de Turismo Carretera”.

La frase pega en el corazón histórico de la ACTC. Campanera no discute solamente una verificación técnica ni un comunicado de la CAF ya que cuestiona la legitimidad del sistema de representación. Su planteo es brutal, pero claro: si la institución nació como una asociación de corredores, los pilotos con trayectoria deberían tener un rol real en la toma de decisiones.
Después remató con una idea que excede cualquier pelea personal: “Cuando te metés en lo deportivo, te metés con la pasión de la gente, del hincha. Y el TC es grande por sus hinchas, por sus pilotos y por todos los que aportan para que esto siga funcionando”.
Ahí está el punto más importante de su intervención. Más allá del tono agresivo de algunos pasajes, Campanera puso sobre la mesa una discusión de fondo: quién decide, con qué legitimidad, bajo qué reglas y hasta dónde puede una conducción apropiarse simbólicamente de una categoría que excede largamente a cualquier dirigente.
DI MEGLIO DEFENDIÓ A MAZZACANE, PERO…

Rodolfo Di Meglio apareció desde otro lugar. En una entrevista con Clasificando, defendió con fuerza a Mazzacane y cuestionó las formas utilizadas por los equipos que pidieron la reunión. Dijo que no fueron todos, sino “un minúsculo grupo”, y sostuvo que ese movimiento solo logró “complicar aún más la imagen del automovilismo”.
Di Meglio no esquivó la discusión política. Al contrario, la puso en primer plano. “No soy tirabomba, pero acá la realidad es que hay una interna política para buscar la destitución de Hugo Mazzacane”, afirmó. Para el propietario del Di Meglio Motorsport, el conflicto actual no puede separarse del enfrentamiento entre la ACTC y el ACA ni del rol de algunos medios y periodistas que, según su visión, reactivan causas y señalamientos contra la conducción de la categoría.
También defendió con fuerza el perfil de mando de Mazzacane. “La ACTC es una institución enorme y no cualquiera puede ser presidente. El que la maneja tiene que ser caudillo y tener los huevos bien puestos, con un rumbo fijo”, sostuvo. Y agregó que hoy no ve “una persona con la intensidad de Hugo” para manejar y generar lo que, según él, generó la actual conducción.

Pero lo interesante de su testimonio no está solo en la defensa. Está en lo que también reconoce. Di Meglio admitió que “hay cosas que arreglar y mejorar” y que algunas cuestiones, por el carácter y el afán de hacer de Mazzacane, “quizás se le fueron de las manos”. También planteó que con la verificación cruzada en la técnica y hablando con el ACA “gran parte de los problemas se solucionarían”.
Esa frase es clave. Porque incluso desde una posición de respaldo a Mazzacane, Di Meglio acepta dos puntos sensibles. Por un lado, la técnica necesita un mecanismo que dé más confianza y por el otro, el conflicto con el ACA requiere diálogo. En otras palabras: puede discutir las formas del reclamo, puede sospechar de una interna política, pero no niega que existan problemas reales.
Di Meglio también dejó otra frase que revela el clima interno de la ACTC. Al hablar de los temas que Mazzacane debería resolver puertas adentro, mencionó la necesidad de sentarse “cara a cara con el topo o los topos”. Y agregó que hay mucho personal dentro de la institución y no es fácil saber quién lleva información afuera, aunque para él esas filtraciones existen.
Ese pasaje no es menor. Cuando una institución empieza a hablar de “topos”, el problema ya no es solo técnico ni comunicacional: es de confianza interna. La ACTC puede interpretar cada filtración como una operación en su contra, pero también debería preguntarse por qué hay tanta información que sale por canales informales y por qué el malestar encuentra más rápido una vía de escape que una mesa de resolución.
El propio Di Meglio, aun defendiendo el modelo actual, dejó una frase que resume la tensión de época: “Los tiempos cambian y las organizaciones se están organizando de otra forma”. Ahí está, tal vez, el dilema más profundo. ¿Puede una categoría moderna seguir dependiendo de una conducción de caudillo cuando los equipos, sponsors, redes sociales y el público exigen cada vez más transparencia, diálogo y previsibilidad?
GUSTAVO LEMA Y LA VOZ POPULAR

El testimonio de Lema agrega una capa distinta. En diálogo con Carburando, Lema puso el foco en algo que va más allá de la política interna: el cambio de época. “Entiendo que hasta el periodismo cambió en este momento y hoy las redes sociales le dieron la oportunidad de opinar a mucha gente y hasta crear tendencias”, dijo.
La frase importa porque conecta directamente con el nuevo clima del TC. Antes, muchas discusiones quedaban encerradas en boxes. Hoy todo circula, se interpreta y se amplifica. Lo que dice un equipo, lo que calla un dirigente o lo que sugiere un comunicado técnico entra de inmediato en una conversación pública mucho más grande.
Lema también dejó claro que su posición no nace de una voluntad de conflicto permanente. “Soy de las personas que le gusta que se brinden buenas noticias y en las malas tratar de arreglarlas y encontrar el porqué, para corregirla y que no nos vuelva a pasar”, explicó.
Esa frase muestra una diferencia de tono con Campanera. Lema no habla desde la ruptura ni desde el enojo frontal. Habla desde una preocupación más empresarial e institucional: si hay algo que está dañando la percepción pública del TC, hay que detectarlo, corregirlo y evitar que vuelva a pasar. Esa mirada es importante porque Canning Motorsport no aparece como un actor marginal, sino como una estructura con peso que entiende que la imagen de la categoría también es parte del negocio.

Lema también explicó que no parte de una verdad absoluta: “La única verdad no es la nuestra, pero sí expresamos algunas cosas que entendíamos que nos estaban preocupando porque la voz popular decía algo que en lo personal me molesta y no me gusta, entonces soy de expresarlo”.
Ese matiz es importante. El empresario no aparece desde un lugar rupturista, sino desde una preocupación por lo que se instaló alrededor de la categoría. Si la “voz popular” habla de falta de credibilidad, favoritismos o manejos poco claros, el problema ya no puede responderse solo con silencio institucional. Porque aunque una sospecha no sea una prueba, cuando se vuelve clima general empieza a dañar el producto.
TRES MIRADAS, UN MISMO PROBLEMA

Campanera, Di Meglio y Lema no dicen lo mismo. De hecho, parten de lugares casi opuestos. Campanera empuja desde la crítica frontal y pide “elecciones abiertas ya”. Di Meglio defiende a Mazzacane, habla de una interna política para buscar su destitución y sostiene que la ACTC necesita un caudillo con rumbo firme. Lema adopta una posición más moderada: reconoce que las redes sociales cambiaron la conversación pública, que la voz popular instaló preocupaciones que no pueden ignorarse y que, cuando aparecen malas noticias, hay que encontrar el porqué para corregirlas. Pero los tres, cada uno a su manera, terminan orbitando alrededor del mismo problema: la credibilidad.
Campanera dice que la verificación cruzada aparece “por falta de credibilidad”. Di Meglio sostiene que ese mecanismo, junto con un diálogo con el ACA, puede ayudar a solucionar buena parte de los problemas. Lema admite que hay una voz popular que dice cosas que le molestan y que por eso decidió expresarlas. Ahí está la síntesis del momento. Porque el TC ya no discute solo una medida técnica. Discute confianza.
EL PEDIDO DE REUNIÓN SE ACHICÓ, PERO NO PERDIÓ IMPORTANCIA

Que algunos equipos se hayan bajado o hayan aclarado que fueron incluidos por error modifica el volumen político inicial del pedido. Ya no corresponde hablar de nueve estructuras firmes detrás del reclamo. Ese dato debe ser aclarado porque cambia la foto.
Pero tampoco alcanza para reducir el episodio a una anécdota. Pradecon Racing, RUS Med Team y Canning Motorsport son estructuras con peso deportivo, económico y simbólico. No se trata de actores periféricos. Y sus referentes ya venían marcando públicamente inquietudes sobre la sustentabilidad, los sponsors, la credibilidad técnica y la necesidad de mayor diálogo con la ACTC.
El conflicto, entonces, no desaparece. Se vuelve más preciso. Ya no es “todos contra la ACTC”, pero sí un sector relevante que decidió poner límites y pedir una conversación seria.
QUÉ PUEDE PASAR AHORA

La ACTC ya movió piezas. Habilitó la verificación cruzada en motores y buscó reabrir un canal con el ACA. Son señales rápidas, pero todavía insuficientes. Pueden ayudar a bajar la tensión técnica e institucional, aunque no resuelven por sí solas la discusión de fondo. La credibilidad no se reconstruye con un comunicado ni con una reunión. Se reconstruye carrera tras carrera, revisión tras revisión, cuando todos sienten que el mismo reglamento pesa igual para todos.
El próximo paso será político. Si Mazzacane convoca a los equipos, escucha los planteos y ordena una mesa real, puede transformar el ruido en oportunidad. Si responde con enojo, sospechas o cierre, el reclamo puede endurecerse.
La categoría sigue siendo enorme. Pero su tamaño ya no alcanza para tapar todo. Cambió el público, cambió la comunicación, cambiaron los equipos y cambió el estándar de tolerancia frente a la opacidad. El que no entienda eso puede ganar una pulseada interna. Pero difícilmente pueda conducir el futuro del Turismo Carretera.





