Ocho meses para una semana de carrera: así se organiza el Gran Premio Argentino Histórico
Elegir caminos con historia, medirlos, conseguir permisos, preparar los road books y coordinar seguridad, asistencia médica y logística. Detrás del Gran Premio Argentino Histórico hay alrededor de 50 personas trabajando para que la carrera pueda recorrer el país.
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Cuando los autos del Gran Premio Argentino Histórico atraviesan una ruta, entran a un pueblo o llegan a una ciudad, buena parte del trabajo necesario para que eso ocurra empezó muchos meses antes. La competencia organizada por el Automóvil Club Argentino dura apenas una semana, pero preparar cada edición demanda alrededor de ocho meses de trabajo y la participación de unas 50 personas.
La organización comienza bastante antes de definir dónde estará la largada o la llegada. Primero hay que encontrar los caminos adecuados para una prueba que busca conservar el espíritu de aquellos Grandes Premios que el ACA organizó hasta mediados de los años ’70. Y eso no significa simplemente mirar un mapa.
ELEGIR CAMINOS CON HISTORIA

Las rutas deben cumplir varias condiciones. En lo posible, tienen que haber formado parte de aquellos viejos Grandes Premios, estar en buenas condiciones y no tener un tránsito excesivo.
Ese último punto es importante porque el GPAH se disputa sobre caminos abiertos, respetando las normas de tránsito. No hay rutas cerradas esperando a los competidores, como puede suceder en carreras de rally.
Una vez elegida una traza posible comienza el reconocimiento. La organización recorre el itinerario y establece con precisión las distancias, algo fundamental en una prueba de regularidad, donde unos pocos metros pueden alterar los cálculos de piloto y navegante.
Pero esa primera recorrida no alcanza. Unos dos meses antes de la largada, el equipo vuelve a hacer toda la ruta para comprobar que los caminos sigan en condiciones, detectar obras, desvíos o modificaciones y cerrar definitivamente el recorrido. Recién entonces pueden imprimirse los road-books que utilizarán las tripulaciones.
MUCHO MÁS QUE LARGAR AUTOS CADA 30 SEGUNDOS

Organizar una carrera de esta magnitud implica asumir una enorme responsabilidad. No es reunir a un grupo de amigos para ir de Buenos Aires a Mar del Plata y acordar largar cada 30 segundos.
El Gran Premio atraviesa varias provincias, decenas de municipios y circula por rutas y calles abiertas al tránsito, con más de un centenar de autos, vehículos de asistencia, controles y público esperando en distintos puntos.
Cada decisión, desde elegir una ruta hasta definir una neutralización o coordinar una llegada, tiene que contemplar seguridad, tránsito, asistencia médica y cumplimiento de las normas. En una prueba de miles de kilómetros, improvisar no es una opción.
Por eso, mientras una parte del equipo trabaja en el recorrido, otra debe avanzar con todas las autorizaciones necesarias para que la competencia pueda realizarse. Hay permisos provinciales, municipales y coordinación con las distintas fuerzas de seguridad de cada región.
El objetivo es que las autoridades sepan con anticipación cuándo pasará la caravana y eviten detener a los participantes en plena prueba, siempre que estos circulen dentro de las normas de tránsito.
UNA RUTA QUE SE CONTROLA HASTA ÚLTIMO MOMENTO

Incluso con el recorrido definido y los road books impresos, el trabajo sobre el camino no termina. Antes del inicio de cada etapa, un equipo de la organización recorre el trazado para colocar los sensores de cronometraje y las marcas de referencia que utilizará la prueba. Es una tarea clave en una competencia donde la clasificación depende de diferencias mínimas y cada punto de control debe estar exactamente donde fue previsto.
A eso se suma otro control previo. Cuando el GPAH ya está en marcha, un vehículo de la organización viaja un día por delante de la caravana y realiza completa la etapa que se disputará al día siguiente. Su misión es comprobar que no haya aparecido ningún inconveniente inesperado: una obra, un corte de ruta, un desvío o cualquier circunstancia que pueda modificar lo previsto.
Además, durante cada jornada otro vehículo sale aproximadamente una hora antes del primer competidor. Esa avanzada pasa por los lugares de largada, reagrupamiento y llegada y va notificando a las autoridades locales que la carrera está próxima a pasar. Cuando aparece el primer auto del Gran Premio, hubo varias personas que ya recorrieron ese mismo camino antes para asegurarse de que todo estuviera listo.
AMBULANCIAS Y ASISTENCIA DENTRO DEL PELOTÓN

La logística también acompaña a los participantes durante toda la etapa. El ACA contrata ambulancias que circulan intercaladas entre los competidores, de manera que puedan llegar rápidamente si alguien necesita asistencia en medio del recorrido.
El ACA también dispone de camillas y servicio mecánico para ayudar a las tripulaciones ante una avería. No es un detalle menor en una carrera donde conviven autos de distintas épocas y donde una falla puede aparecer a cientos de kilómetros de la próxima ciudad importante.
Aunque el GPAH no sea una competencia de velocidad, recorrer más de 3.000 kilómetros durante varios días exige una estructura preparada para reaccionar.
TAMBIÉN HAY UNA CARRERA ANTES DE LA CARRERA

Mientras se define el recorrido y se tramitan autorizaciones, otra parte del trabajo transcurre lejos de las rutas.
Durante esos ocho meses se mantienen conversaciones con patrocinadores y empresas para desarrollar diferentes alianzas que ayudan a sostener una competencia de estas características.
Movilizar personal, asistencia, seguridad y logística por distintas provincias durante una semana exige mucho más que cobrar inscripciones y entregar un road book. Es un trabajo paralelo que casi nunca se ve desde afuera, pero resulta tan necesario como medir una ruta.
LA CDA Y EL CONTROL DEPORTIVO

La Comisión Deportiva Automovilística del ACA se ocupa, por su parte, de la fiscalización de la competencia. Su responsabilidad es hacer cumplir tanto el reglamento deportivo como el técnico y controlar que todos los participantes compitan bajo las mismas condiciones.
En una carrera de regularidad, donde una diferencia mínima puede modificar una clasificación, esa tarea también forma parte central de la organización.
TODO EMPIEZA MUCHO ANTES DE LA LARGADA
Cuando los autos salen a la ruta, la parte más visible del Gran Premio recién comienza. Para la organización, en cambio, ese momento llega después de meses de decisiones, recorridas, permisos, reuniones y controles que tienen que encajar casi sin margen para el error.

Durante la semana de carrera, ese trabajo continúa todos los días. Hay que verificar la etapa siguiente, colocar sensores y referencias, coordinar con las autoridades, asistir a los competidores y reaccionar ante cualquier cambio que pueda aparecer en el camino. Mientras pilotos y navegantes miran el reloj, detrás hay un equipo ocupándose de que todo lo demás funcione.
Por eso el Gran Premio Argentino Histórico no se organiza solamente con pasión por los autos. Hace falta estructura, planificación y mucha responsabilidad. Reunir más de un centenar de vehículos y llevarlos durante miles de kilómetros por caminos abiertos al tránsito exige bastante más que marcar una largada y una llegada.
Los ocho meses de preparación desembocan en una semana intensa en la que unas 50 personas trabajan para que cada etapa pueda cumplirse como fue pensada. Y quizá ahí esté la mejor síntesis de todo ese esfuerzo: que, cuando llega la hora de competir, los participantes puedan pensar solamente en su auto, su hoja de ruta y el próximo control.





