La ACTC toma el Cabalén: cuando “ayudar” es apropiarse del automovilismo argentino

Una deuda, un fallo judicial, y una jugada que huele menos a rescate que a conquista. Córdoba, el ACA y los fanáticos, rehenes de un poder cada vez más centralizado.

Hace más de una década, un fuego arrasó con un campo lindero al Autódromo Oscar Cabalén durante una fecha de Córdoba Pista. Fue un accidente, sí. Pero el juicio civil siguió su curso y el fallo llegó recién ahora: 107 millones de pesos deberá pagar el Córdoba Automóvil Club. Y como si la condena fuera una soga que les aprieta el cuello, la institución cordobesa anunció que no puede afrontar el pago. Que se baja. Que no puede recibir al TC2000 y al Top Race el próximo 20 de julio. Y ahí, como quien ve una joya olvidada en la vereda, apareció la Asociación Corredores Turismo Carretera.

EL CABALÉN COMO TROFEO

Según informó Carburando en su tira diaria de YouTube, la ACTC –muy oportunamente- salió al rescate del autódromo cordobés junto con Enjoy Producciones. ¿Los mismos que organizaron la última fecha del TC en Córdoba con 100.000 personas? Sí, esos. ¿Casualidad? ¿Altruismo? ¿Gestión eficiente? No. Esto tiene nombre: expansión territorial.

Turismo Carretera Alta Gracia

Porque lo más preocupante no es la gestión en sí: es la intención de la ACTC de quedarse con la exclusividad del Cabalén para las categorías que fiscaliza. Es decir, cerrar la puerta a todo lo que huela al Automóvil Club Argentino por esa guerra que ambas instituciones tienen desde fines de 2023 por el poder deportivo en el país.

La ACTC ya tiene un circuito “propio” que es el Autódromo Roberto Mouras de La Plata, cuya construcción fue impulsada a fines de los ’90 por Hugo Mazzacane, hoy el propio presidente de la ACTC. Ahora suma al autódromo de Alta Gracia y, obviamente, está también detrás de la joya de la corona: el Autódromo de Buenos Aires, algo de lo que ya se viene hablando en el ambiente desde hace tiempo.

Alta Gracia en la mira: el TC2000 y el Top Race, rehenes de una interna que ya cansa a todos

La estrategia es simple: controlar la infraestructura para limitarle el terreno al rival. No es una teoría conspirativa. Esta maniobra, tan vieja como el poder mismo, no pasa inadvertida como otros tiempos. Para eso solo alcanza con ver las redes sociales, que son el espejo donde nadie puede esconderse. Y ahí, la ACTC no recibe aplausos. Recibe críticas. Porque esta “ayuda” al Cabalén no parece inocente. Y porque ya son muchos los que ven un patrón repetido.

También porque la propia entidad arrastra un prontuario que incluye finales manchados, campeonatos definidos entre polémicas y una notable dificultad para explicar cómo funcionan sus propios reglamentos. La falta de transparencia, el personalismo, y la sensación de que las decisiones se toman “en una mesa chica con los mismos de siempre” se han vuelto parte del paisaje.

LA LEY DICE ACA, PERO EL PODER LO TIENE OTRO

quien fiscaliza el automovilismo argentino

El detalle más insólito es que todo esto ocurre a días de que entre en vigor la Resolución 207/2025, que ratifica al ACA como única autoridad deportiva nacional en representación de la Federación Internacional del Automóvil. Es decir: el Estado argentino reconoce formalmente que el ACA es quien debe fiscalizar y representar al país en materia deportiva. Una especie de ley suprema del automovilismo nacional.

Y entonces la pregunta cae de maduro: ¿qué hará el gobierno si la ACTC continúa expandiendo su control sobre autódromos en clara competencia con la entidad reconocida? ¿Habrá sanciones, límites, intervención?

de quién es el autódromo de alta gracia
Foto: Prensa ACTC.

Lo del Cabalén no es ni una noticia suelta ni un buen chiste cordobés. Es un síntoma más de una enfermedad de fondo: la captura silenciosa del automovilismo nacional por una estructura que crece sin rendir cuentas. Y lo hace con la excusa de la eficiencia, la convocatoria y el espectáculo.

La ACTC juega fuerte. Lo ha hecho siempre. Y ahora tiene dinero, público, narrativa y aliados. Pero el ACA, con la legitimidad institucional de su lado y el respaldo del Estado, tiene algo que el otro no: legitimidad.

La gran incógnita es qué actores del automovilismo se animarán a plantarse ante un gigante. Porque hoy, más que nunca, no se trata solo de carreras. Se trata de quién maneja el volante del automovilismo argentino. Y por ahora, nadie parece tener las dos manos firmes sobre el volante.

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Diego Durruty

Soy un periodista con más de 35 años en el ruedo. Arranqué en revistas como CORSA, El Gráfico, Coequipier y SóloTC, pero también me aventuré en el mundo digital en SportsYa!, e-driver.com y kmcero.com. Si eso no te sorprende, también me escuchaste en las radios Rock&Pop y Vorterix.com. Ah, y no puedo olvidar mis coberturas del rally Dakar para la agencia alemana dpa. Hoy en día escribo en Automundo.com.ar y para que no se me escape nada, también conduzco los magazines Dos Tipos Audaces y Motorix en YouTube. ¡No hay quién me pare, amigo!

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