
Luciano Benavides cuenta cómo fue el día en que casi pierde a Kevin
El menor de los Benavides revive el accidente que casi le cuesta la vida a su hermano, analiza su retiro de las motos y le deja un mensaje directo para su debut en la categoría Challenger del Dakar 2026.
En el mismo taller donde se prepara para el Dakar 2026, Luciano Benavides baja la voz cuando el tema deja de ser su recuperación y pasa a ser Kevin. Ya no habla del físico propio, sino de algo mucho más pesado: el día en que vio a su hermano al borde de la muerte.
Todo ocurrió el 11 de mayo del 2024, en una pista de motocross. Entrenamiento rutinario, uno más en la larga lista de días de trabajo que sostienen las victorias en el Dakar. Hasta que la rutina se rompió.
“Ese día estábamos entrenando en una pista de motocross acá muy cerca y yo terminé de hacer un calentamiento de 10 minutos y, de repente, vi que él no estaba. Estaba girando también y no lo vi más. Me acerqué al lugar donde vi un salto, vi que estaba ahí en el piso. Fui a fondo y fui el primero en llegar al lugar y cuando lo encontré fue una situación muy fea”, recuerda Luciano en medio de ese mano a mano con Dakarianos, el podcast del Rally Dakar.

Lo que había visto antes en el Dakar con otros pilotos no lo preparó para eso. “Vi cosas similares quizás en el Dakar con otros pilotos, pero una cosa es en carrera y otra cosa es verlo a tu hermano ahí, parecía que se estaba muriendo. Estaba blanco, los ojos se le daban vuelta, no podía respirar bien. Yo no sabía qué hacer, si tocarlo, si se había golpeado la espalda… en ese momento no sabés cómo reaccionar”.
“Me subí a la ambulancia con él, el hueso se le salía, iba sangrando, entró a la clínica y realmente fueron semanas muy difíciles”, admite el menor de los Benavides.
Luciano Benavides se reconstruye para el Dakar 2026 tras su peor caída
El accidente no sólo dejó secuelas físicas en Kevin. Le dejó una marca profunda a Luciano, que cargó esa imagen durante semanas. “A las tres semanas me fui a correr Ruta 40 y yo también me rompí la cadera. En ese momento no pensaba que fue por culpa de lo que había pasado, pero al final creo que uno inconscientemente queda con algunas fugas de pensamiento, de energía, que quizás hicieron que pasara lo que pasó”, reflexiona.
El cuadro final parece casi un guión de humor negro, pero estuvo lejos de ser gracioso: “Terminamos internados los dos en habitaciones de al lado, así que la familia tenía dos por uno para ir a visitarnos”, resume, con una sonrisa amarga.
EL RETIRO QUE LUCIANO YA VEÍA VENIR

Cuando habla del final de la etapa de Kevin en las motos, Luciano no vende humo. No hay frases de manual, hay crudeza y cariño mezclados. “Después de eso volví a recuperarme, a correr Marruecos y demás, pero también viví la parte de al lado de él, de él queriendo volver a estar al 100% en el alto rendimiento siendo uno de los favoritos siempre en el Dakar. Yo sabía que no, que no iba a volver a ser el mismo”, dice.
No se lo dijo en el momento. Sabía que era una verdad que Kevin tenía que descubrir solo. “El año pasado no se lo dije, porque si se lo decía era un poco duro para él de aceptarlo. Era algo de lo que tenía que darse cuenta él. Yo lo sabía y los que lo conocemos muy bien lo sabíamos, pero él es muy terco, y creo que eso lo hizo ser quien es y lograr todo lo que logró”, explica.
La dimensión de lo que había pasado no era menor: “Lo que le pasó no era algo fácil, era bastante complicado y claramente no iba a ser el mismo”.

Con el tiempo, Kevin terminó de aceptarlo en el Dakar. Ahí cerró el círculo. “Tomó la mejor decisión porque lo hizo en el momento justo después de haber ganado todo lo que podía ganar. Si seguía, si no le pasaba lo que le pasó, era innecesario seguir corriendo riesgo de más”, reflexiona Luciano.
Al hablar del palmarés de Kevin, Luciano mezcla admiración y pertenencia. “Le faltó quizás lograr el título del Mundial, que él lo quería mucho, pero ganó dos Dakar, eso no se lo quita nadie. Y yo tengo el título colgado ahí, así que ya dije que él es parte de eso también. Los dos ya tenemos, como hermanos y como familia, esos títulos”, señala.
Detrás de esa frase hay algo más grande: la idea de proyecto familiar. Lo que hicieron los Benavides con el Dakar ya no es sólo una historia de dos hermanos que ganan, sino de una familia que bancó hospitales, viajes, noches sin dormir y decisiones durísimas.
KEVIN EN CHALLENGER: MENOS RIESGO, MISMA HAMBRE

El paso de Kevin a la categoría Challenger en el Dakar 2026 no es sólo un cambio de disciplina. Es una mudanza de vida. Luciano lo explica con brutal sinceridad: “Por un lado, lo voy a extrañar mucho porque compartíamos la carrera más dura y extrema del mundo juntos en el motorhome. En los momentos de tanta tensión era muy lindo llegar y tener a tu hermano ahí”, reconoce.
Pero, a la vez, siente alivio. “Voy a correr mucho más tranquilo. Somos muy diferentes manejando, y sólo los que estamos ahí adentro sabemos los riesgos que tomamos. Kevin, el último tiempo, después de muchos accidentes, a mí como hermano me preocupaba. Sobre todo en el último Dakar, la primera semana pensé demasiado en él porque sabía la condición con la que venía, y eso me cargó un poco en la cabeza”, admite.
El paso al auto cambia la ecuación: “Sé que va a seguir siendo peligroso, porque el Dakar en auto sigue siendo peligroso, pero te diría que es un cinco por al lado de la moto. Es diferente”.
UN MENSAJE DESDE EL CORAZÓN

Hacia el final de la charla, Luciano acepta mirar a cámara y hablarle directamente a Kevin. La frase no parece ensayada, pero está cargada de todo lo que vivieron. “Kevin, tenés todo para ganar el Dakar, para seguir haciendo historia en las cuatro ruedas o en lo que te propongas hacer. No tengo dudas de eso”, arranca.
Después viene el ajuste fino, el que vale más que cualquier discurso motivacional. “Simplemente creo que tenés que calmar tu ansiedad. Acordate de que no estás en la moto, estás dentro de un auto. Como piloto te sobra la capacidad para ganar el Dakar, pero tenés que calmarte y entender que tenés que llegar todos los días sin romper nada, porque la clave del Dakar en las cuatro ruedas es esa”, advierte.
Y remata con la frase que sintetiza la transición de Kevin de las dos a las cuatro ruedas: “En la moto te arriesgaste demasiado. En el auto no te arriesgás vos: arriesgás el auto. Y el auto no perdona como las motos. Si logra entender eso, estoy seguro de que en el podio va a estar espectacular”.
UNA HISTORIA QUE TODAVÍA SE ESTÁ ESCRIBIENDO
La historia de Kevin entrando a Challenger no empieza en la rampa del Dakar 2026, ni en el anuncio oficial de su nuevo programa deportivo. Empieza en una pista de motocross, con Luciano arrodillado al lado de su hermano, pensando que se le iba.
Lo que viene ahora es otra cosa: el intento de transformar un trauma en una nueva etapa. Kevin cambia de disciplina; Luciano cambia de rol. Ya no es sólo el hermano que pelea con él en la general de las motos, ahora es el que lo mira desde afuera, le marca límites y, al mismo tiempo, le dice que tiene todo para ganar.
Si el Dakar es el escenario donde las historias dejan de ser deporte para volverse destino, entonces lo que viene para los Benavides en 2026 promete ser un punto de quiebre. Uno vuelve desde el dolor para desafiar a todos con el “Faster” encendido; el otro llega desde la frontera misma de la vida para reinventarse en cuatro ruedas.
Y cuando dos hermanos que ya conquistaron el desierto deciden escribir un nuevo capítulo, el Dakar no sólo espera: tiembla.