
El triste adiós al Autódromo de Buenos Aires que amamos
Con la fecha del MotoGP confirmada para 2027, el Gálvez se prepara para una transformación profunda que amenaza con borrar parte de su esencia.
Durante décadas, el Autódromo Oscar y Juan Gálvez de Buenos Aires fue mucho más que un circuito. Fue un ritual. Un escenario donde el olor a nafta se mezclaba con la épica. Donde cada curva tenía un nombre, cada tribuna un mito, cada piano una historia. Pero desde ayer, todo cambió.
Este lunes, con una presentación que combinó entusiasmo institucional y entusiasmo empresarial, se oficializó lo que se venía rumoreando: el Gálvez será rediseñado para estar a la altura del MotoGP, con un trazado que también buscará homologación Grado 1 de la Federación Internacional del Automóvil para, eventualmente, traer de regreso a la Fórmula 1.
La noticia explotó como una bomba de emociones entre fanáticos y personalidades del ambiente. Porque sí, Argentina vuelve al mapa grande del automovilismo mundial. Pero el precio a pagar es alto: borrar con maquinaria pesada casi todo lo que nos hizo únicos.
ALEGRÍA Y DUELO: EL EFECTO DE LAS ÚLTIMAS 24 HORAS

Fue una jornada esquizofrénica para el automovilismo argentino. De la euforia inicial por la noticia al shock inmediato al ver los planos del nuevo trazado que recibirá al Mundial de Motociclismo en marzo de 2027. Allí, bien claro, se marcan los sectores que serán demolidos o modificados por completo.
El mítico Circuito 9, por ejemplo, perderá la Vivorita, el Cajón, el Ombú y el Tobogán. Nombres que no figuran en los manuales de Tilke Engineers & Architects, el responsable del proyecto, pero que están tatuados en la memoria colectiva. La S de Senna, uno de los sectores más técnicos del Circuito 6, también será barrida del mapa. Mientras que la S del Ciervo y la Chicana de Ascari, el ingreso y egreso del emblemático Circuito 12, son sectores que aparecen obstruidos por nuevas tribunas en los planos e invitan a pensar que el mítico Curvón Salotto también se ha perdido para siempre.
¿Se podrá seguir usando? Desde el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires aseguran que sí, que el espíritu se conservará. Pero los planos muestran otra cosa. La arquitectura no miente: si hay una tribuna donde antes había una curva, esa curva está muerta…
Buenos Aires recibirá al MotoGP en 2027 con un rediseño total del Autódromo
TILKE Y EL BISTURÍ GLOBAL
El encargado del rediseño es, una vez más, Hermann Tilke. El arquitecto alemán que construyó la F.1 moderna con una lógica globalizada, donde todos los circuitos parecen parte del mismo catálogo, pero con decorado distinto. Es el precio de la estandarización: todos los autos llegan, todos los patrocinadores pagan, todos los derechos se reparten, pero lo local pierde carácter.
Tilke no tiene la culpa. Él hace su trabajo. El problema es que, por diseñar un Gálvez que seduzca a Dorna y la FIA, se están amputando sectores que forman parte de nuestra identidad deportiva. Un rediseño sin memoria.
NI LA 15 SE SALVA
Entre las imágenes que más dolieron en las redes sociales está la eliminación de la Tribuna N° 15. No hay plano técnico que explique lo que esa tribuna representa. Ahí no había plateas VIP ni catering internacional. Había banderas, bombos, pasión sin filtro. Era el lugar de los hinchas de Chevrolet, parte de la liturgia popular del automovilismo argentino. Por ese lugar pasará parte del nuevo trazado que se acercará a la Av. Roca. Seguramente más funcional. Pero sin alma.
También se confirmó que el actual predio del kartódromo será utilizado para una variante larga de la horquilla, clave para el ingreso de la Fórmula 1. El kartódromo sería reubicado, aunque no se sabe dónde. Esa pista vio forjar a generaciones enteras de pilotos, muchos de ellos con proyección internacional. Sacarlo del centro del Gálvez es una decisión que puede parecer menor, pero es simbólicamente tremenda.
¿MODERNIZAR O REEMPLAZAR?
La obra, que comenzaría en noviembre de este año y se extendería durante todo 2026, está impulsada por GOSD, la promotora de Orly Terranova que organiza el GP de MotoGP; y Fenix Entertainment Group, que tendría a su cargo el futuro GP de Fórmula 1. La inversión total se estima en 100 millones de dólares.

Pero detrás de ese número se esconde una verdad incómoda: no se está modernizando el autódromo, se lo está reemplazando. La diferencia es fundamental. Modernizar es ponerlo a punto, hacerlo más seguro, más competitivo, más sustentable. Reemplazar es demoler lo que nos hizo grandes para construir algo que esté acorde a los estándares actuales donde la historia parece quedar en un segundo lugar.
El resultado será un Gálvez más eficiente, más rentable, más televisable. Pero tal vez menos nuestro.
Hoy es martes. Las obras todavía no comenzaron. Lo presentado ayer fue un plan. Un proyecto. Un borrador que, si bien tiene respaldo político y empresarial, aún puede ser influenciado por la presión popular, la memoria activa y el sentido común.
No se trata de frenar la llegada de la F.1 o el MotoGP. Sería absurdo. Se trata de recordar que la historia no se negocia. Que las curvas con nombre deben ser preservadas. Que se puede construir futuro sin dinamitar el pasado.
Porque si en noviembre empiezan las obras tal como fueron planteadas, ya no habrá vuelta atrás. No habrá tribuna 15. No habrá Ombú. No habrá Tobogán. Habrá un circuito internacional, sí. Pero no será el nuestro.
Y entonces, cuando los motores rugan de nuevo y el mundo mire a Buenos Aires con admiración, tal vez nosotros miremos al suelo. Y no por orgullo. Sino por duelo.