Turismo Carretera

Cuando Tandil fue el temible Nürburgring argentino

A fines de los ’70 el Tandil Auto Club creó un circuito rutero con cierta semejanza con el mítico “ring” alemán. Una vuelta con Vicente Pernía sirvió para certificar su peligrosidad.

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El Tano aún recuerda muy bien aquella carrera de Turismo en el semipermanente de Tandil. Estaba como espectador arriba de un remolque ubicado sobre la ruta 74. “Yo puedo hacer eso. Yo puedo correr también”, le dijo a su grupo de amigos. Y en ese instante, en ese preciso momento, el Tano se dio cuenta que en la vida había otra cosa, al margen del fútbol, que también le podía dar satisfacciones. Tenía un Fiat 128 y lo preparó para competir. Recibió los consejos de Jorge Serafini y enseguida demostró que tenía pasta para ser rápido detrás del volante.

Ahí inició su campaña deportiva en el TN. Se había tomado la cosa tan enserio que, aprovechando un viaje a Alemania en 1978, se compró un buzo como los que usaban los pilotos del equipo Ferrari de Fórmula 1. Poco a poco, el Vicente Alberto Pernía jugador de Boca Juniors que había ganado seis títulos (tres torneos locales, dos Libertadores y una Intercontinental) fue dejando paso al piloto. Y todo comenzó en ese circuito de Tandil, en ese peligroso y estrecho semipermanente de 32,8 kilómetros al que aún se lo recuerda como el Nürburgring Argentino por su semejanza con el mítico “ring” germano.

Vicente Pernía, persona más que autorizada para hablar del semipermanente de Tandil. Foto: Guillermo Cejas.

Un año tardó la gente del Tandil Auto Club en terminar aquel trazado que continuó con la historia teceista de la zona. El regreso de la Vuelta de Tandil al calendario de la popular categoría ocurrió el 11 de diciembre de 1977 y ganó Juan María Traverso (Ford) ante más de 70.000 espectadores. La tradición continuó hasta el 8 de marzo de 1992, cuando se disputó por última vez. La victoria quedó para Juan Manuel Landa (Dodge), quien en esa temporada fue subcampeón detrás de Oscar Aventin.

Era una pista difícil, complicada. Y el propio Pernía puede dar fe de ello: “Acá andábamos al límite siempre, aunque nos tomábamos un pequeño margen para zafar de cualquier imprevisto. Porque los autos que usábamos en esa época no se comportaban de la misma manera en todas las vueltas como sí sucede ahora. Pero teníamos que ir al límite porque era la única manera de andar adelante”.

Semipermanente de Tandil
El circuito tenía 32 kilómetros de extensión.

El Tano oficia de chofer de lujo para recorrer este pintoresco circuito. Acelera su Toyota con total tranquilidad y en cada metro del circuito le surge un recuerdo, como cuando superó a Eduardo Ramos y a Jorge Oyanhart con una gran maniobra entre la zona que iba desde los boxes hacia empalme con la 74. O cuando tenía que levantar el pie del acelerador al acercarse a Scarminazzi, el sector donde los TC llegaban a la asombrosa velocidad de 270 km/h. Y también rememora el día en que Pepino Malisia se despistó y comenzó a dar tumbos que lo llevaron a pasar por arriba de una tranquera, que estaba custodiada por un paisano que se salvó de milagro.

“Desde que tomábamos la 74 hasta llegar a La Granja, realmente me aburría. Eran unos 15 kilómetros de recta. Me acuerdo y me amargo… Pero cuando llegábamos a La Granja me frotaba las manos. Como yo andaba todos los días por acá lo conocía muy bien y eso me hacía tener una ventaja porque me sentía seguro. Igual era inevitable tener ciertos pensamientos. Antes de sentarme arriba del auto sabía que podía volver o no a mi casa. Creo que era un sentimiento que teníamos todos los que compartíamos en esa época. Claro que una vez que estaba arriba del auto, no pensaba más en eso”.

Bajada de Belén
Emilio Satriano en La Bajada de Belén.

Su relato está lleno de adrenalina. Más cuando habla de su técnica para hacer la Bajada de Belén, que los TC transitaban a más de 200 km/h. El secreto era sencillo: “Había que ser muy preciso. Si la tomabas a fondo volabas y podías caer en cualquier lado y si frenabas demasiado perdías mucho tiempo. Yo lo que hacía era rebajar de cuarta a tercera, acelerar a fondo antes de que el auto se empezara a levantar para que se baje la suspensión la carrocería y así no vuele. La hice siempre así, pero jamás pude saber qué hacía el auto cuando iba bajando. Supongo que perdía la consciencia por una fracción de segundo por hacer un descenso tan brusco”.

Hoy en día parece increíble que el TC se haya atrevido a correr en semejante circuito, carente de seguridad. Pero eran otras épocas. La seguridad no estaba dentro de las prioridades y se corría donde se podía. Lo aceptaban los pilotos y, al mismo tiempo, lo disfrutaba el público, que no le importaba madrugar y hacer varios kilómetros a pie para asegurarse tener un lugar con buena visibilidad.

Semipermanente de Tandil 2
El Tano Pernía recorriendo el mítico circuito en un Falcon.

El Tano, en algún momento, pensó en presentarle a la Asociación Corredores Turismo Carretera un proyecto para volver a utilizarlo, aunque sea fuera de campeonato y con los mejores exponentes de la popular categoría. La nueva versión del Nürburgring Argentino solo incluiría los 17 kilómetros más entretenidos: Saliendo desde La Granja, donde estaría el parque cerrado, hacia La Porteña, pasando por Montecristo, los desniveles de la Quinta Belén, la Curva de Marchini, Club Banco ProvinciaRotonda del Lago, hasta llegar al Tandil Auto Club, La Viborita y El Gallo para luego tomar la ruta 74 y, a menor velocidad y fuera de carrera, volver al punto de inicio.

Tal vez el deseo del Tano nunca se concrete y el circuito semipermante de Tandil permanezca como un recuerdo de una época pasada del TC. O tal vez sea el puntapié inicial para un retorno de esos que hacen historia.

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Diego Durruty

Periodista con 32 años de trayectoria. Trabajó en las revistas CORSA, El Gráfico, Coequipier y SóloTC, en los sitios de Internet SportsYa!, e-driver.com y kmcero.com y en las radios Rock&Pop y Vorterix.com. Realizó coberturas del rally Dakar para la agencia alemana dpa. En la actualidad es director de los portales Automundo.com.ar y NacionRPM.com, conduce el podcast Motorbit y el magazine Dos Tipos Audaces (ambos en Spotify). Además, es columnista en MundoSport (AM 570).

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