
Yazeed Al Rajhi y el desafío de defender la corona del Dakar en casa
Ganó el Dakar después de diez años de aprendizaje, errores y perseverancia. Ahora, afronta la edición 2026 desde un lugar completamente distinto: como campeón defensor.
Ganar el Dakar no es llegar primero. Es llegar cuando toca. Yazeed Al Rajhi lo entendió después de diez años, once participaciones, victorias de etapa que no alcanzaban y abandonos que dolían más de lo que se dice en público. Recién en enero pasado, en su casa y frente a los suyos, el saudí completó el círculo y levantó el trofeo más pesado del rally raid mundial en el Rally Dakar 2025.
Ese contexto lo cambia todo. También cambia la manera en la que se planta frente al Dakar 2026, que se disputará nuevamente en Arabia Saudita. Al Rajhi ya no es el aspirante simpático que crecía a base de kilómetros. Ahora es el defensor del título. Y eso, en el Dakar, pesa tanto como el motor.
DIEZ AÑOS PARA ENTENDER LA CARRERA

El camino hasta la victoria fue cualquier cosa menos lineal. En 2025, Al Rajhi mostró una consistencia quirúrgica: ganó la cuarta etapa, se instaló segundo en la general y, desde ahí, nunca se despegó del grupo de punta. La diferencia la hizo en el momento justo, en la víspera de la meta final, cuando doblegó a su principal rival, Henk Lategan. Sin épica sobreactuada. Sin errores.
Él mismo lo explica mejor que nadie: “En diez años, vas acumulando experiencia kilómetro tras kilómetro. Aprendes a pilotar en las dunas, en los sectores más técnicos, en los pedregosos. Aprendes cuándo apretar y cuándo aflojar, y también cuándo tirar de estrategia. Vas aprendiendo muchas cosas y eso lleva tiempo, no se consigue de un año para otro.”
No es una frase hecha. Es una declaración de método. Al Rajhi ganó cuando dejó de correr contra los demás y empezó a correr contra sí mismo.
ANFITRIÓN GENEROSO, RIVAL IMPLACABLE

En los vivacs del Dakar, Yazeed es conocido por algo que no figura en las clasificaciones: la hospitalidad. Durante años organizó banquetes -sobre todo en jornadas de descanso- e invitó a rivales directos, mecánicos, navegantes y hasta periodistas. Un gesto que, en una carrera tan áspera, vale más que mil comunicados.
Pero cuando se cierra la visera, no hay concesiones. Desde su debut en 2015, cuando ganó una etapa en Chile con Toyota antes de abandonar estando tercero, hasta su paso por Mini y el podio de 2022, Al Rajhi fue siempre un competidor feroz. Amable abajo del motorhome, despiadado arriba del auto.
EL PESO DE GANAR (Y DE CREER)
La victoria en 2025 no solo le dio un trofeo. Le dio algo más difícil de conseguir: credibilidad total, propia y ajena. “Haber ganado marca la diferencia. Ahora todo el mundo cree que puedo hacerlo. Si me preguntas si me veo capaz de repetir la victoria te diré que tengo ya un trofeo en casa, ¿así que por qué no?”

Esa frase condensa su nuevo estado mental. Ya no corre para demostrar que puede ganar. Corre sabiendo que puede hacerlo. Y eso, en el Dakar, es una ventaja invisible pero real.
Aun así, no cae en la trampa del exceso de confianza: “En el Dakar no hay nada seguro. Es una carrera que permanece abierta hasta el último día. Cada año, hay una sorpresa. Hay muchos corredores muy rápidos y la prueba reúne a los mejores pilotos del mundo.”
LA OTRA BATALLA: VOLVER DESPUÉS DEL GOLPE
El Dakar 2026 no lo encuentra en una burbuja de perfección. Todo lo contrario. Un durísimo accidente en la Jordan Baja le provocó la fractura de dos vértebras y lo dejó fuera de competencia durante meses. Su regreso fue irregular: 22° en Portugal, abandono en Marruecos. Resultados que no tranquilizan a nadie… salvo a él.
Porque Al Rajhi ya estuvo ahí. Y volvió. Más de una vez. “No ha sido fácil porque me ha llevado mucho tiempo recuperarme. Pero no ha sido mi primer accidente o lesión. Me fracturé la espalda en tres ocasiones y pese a ello regresé y gané.”

No es arrogancia. Es memoria. La de alguien que ya pasó por el fondo y aprendió que el Dakar no se corre solo con el cuerpo, sino con la cabeza.
ARABIA SAUDITA, EL ESCENARIO Y LA PRESIÓN
Correr en casa tiene doble filo. Conoce el terreno como pocos, pero también carga con la expectativa de millones. Él lo asume sin rodeos: “Fue un sueño ganar el Dakar. En realidad todo el mundo sueña con ello. Al lograrlo cumplí el sueño de millones de personas en todo el mundo. Estoy orgulloso de mí mismo, de mi país, de mi equipo y de mi copiloto.”
Para 2026, el mensaje a sus seguidores es directo, sin marketing: “Se lo digo a mis fans: apoyadme y confiad en mí y juntos lo lograremos.”
El campeón llega con más dudas físicas que hace un año, pero con una certeza que antes no tenía: sabe exactamente qué necesita para ganar el Dakar. Sabe cuándo atacar, cuándo esperar y cuándo sobrevivir. Y, sobre todo, sabe que el título no se defiende con declaraciones, sino con días grises bien gestionados.
El Dakar no premia al más rápido. Premia al que llega entero al final. Y en ese juego largo, Yazeed Al Rajhi ya demostró que aprendió a esperar.