Sobiesław Zasada: de la Cortina de Hierro a ganar en Argentina con un Porsche

A los 96 años, el polaco regresó a la Argentina, donde en 1967 ganó una carrera que Porsche no quería que disputara. Lo hizo casi sin asistencia y condicionado por las restricciones para salir de su país.

Sobiesław Zasada volvió a la Argentina a los 96 años y lo hizo como vivió casi toda su vida: cerca de un auto y de una competencia. No vino simplemente a mirar. Su presencia en el Gran Premio Argentino Histórico que organiza el Automóvil Club Argentino tiene un peso especial porque estas rutas forman parte de su propia historia. Aquí, en 1967, consiguió una de las victorias más importantes de su carrera y también una de las más improbables, después de convencer a muy pocos de que un Porsche 911 podía sobrevivir a un desafío para el que, en teoría, no había sido pensado.

Más de medio siglo después, Zasada habla de aquella carrera con una memoria sorprendente. Y también habla del presente. En la rampa de largada dejó una frase que, viniendo de alguien que sigue ligado al automovilismo a esa edad, adquiere otro sentido: “La vida, hay que acordarse, empieza después de los 90 y yo tengo 96 años”.

No parece una frase preparada. Más bien resume una forma de encarar la vida que estuvo presente desde mucho antes de que llegara a los 90.

UNA CARRERA EN LA QUE PORSCHE NO QUERÍA ESTAR

Sobiesław Zasada
Foto: Prensa ACA/Juan Biaggini.

En 1967, participar del Gran Premio Internacional de Turismo argentino no era una decisión sencilla. Las distancias eran enormes, los caminos castigaban los autos y la asistencia mecánica podía ser tan importante como la velocidad del piloto. Zasada quería correrlo con un Porsche 911, pero en Stuttgart no compartían precisamente su entusiasmo.

“Porsche no quería correr en absoluto; los directivos de la marca consideraban que este Gran Premio era demasiado difícil para ese auto”, recuerda ante un grupo de periodistas en Catamarca, donde la carrera tuvo su jornada de descanso.

La preocupación tenía lógica. El 911 era un deportivo liviano, con una distancia entre ejes corta y motor bóxer refrigerado por aire, pensado para un tipo de utilización muy diferente al que planteaban miles de kilómetros por caminos argentinos. Zasada, sin embargo, estaba convencido de que podía hacerlo. Y tomó una decisión que hoy suena todavía más extraordinaria. “Me anoté como piloto privado y fui igual, sin asistencia”.

No fue una manera de decir. Mientras otros competidores contaban con estructuras preparadas para afrontar averías, accidentes o problemas mecánicos durante el recorrido, el polaco llegó prácticamente por su cuenta. Aquella victoria terminaría sirviendo también para que Porsche viera a su propio auto con otros ojos y entendiera que el 911 tenía posibilidades mucho más amplias en competencias de larga distancia y rally.

Un año después, la marca afrontaría otros desafíos internacionales de enorme exigencia, como el Londres-Sídney de 1968 y eligió a Zasada como su punta de lanza. La experiencia argentina había dejado una huella.

BÖHRINGER LE HABÍA DICHO QUE NO VINIERA

Sobiesław Zasada
Foto: Prensa ACA/Juan Biaggini.

Zasada tampoco llegó sin advertencias. Eugen Böhringer, figura de Mercedes-Benz y piloto con experiencia en este tipo de pruebas, intentó convencerlo de que semejante aventura necesitaba una infraestructura mucho mayor. “No vayas, necesitas por lo menos tres equipos de asistencia”, le dijo.

Era el consejo de alguien que conocía perfectamente lo que significaba correr durante días por la Argentina. Zasada escuchó, pero no cambió sus planes. Terminó ganando y, además, superando la referencia que había establecido el propio Böhringer. “Eso jamás le agradó demasiado”, rememora con orgullo.

DEJAR ATRÁS LA CORTINA DE HIERRO PARA CORRER

Sobieslaw Zasada
Foto: @sobieslaw.zasada.

Pero hay otra parte de aquella historia que hoy cuesta dimensionar. Para Zasada el problema no era solamente conseguir un auto y llevarlo hasta la Argentina. También tenía que conseguir que lo dejaran salir de su propio país.

Polonia estaba detrás de la Cortina de Hierro y los movimientos internacionales de sus ciudadanos estaban fuertemente controlados. Un deportista que viajaba permanentemente por Europa y América despertaba especial atención.

Zasada lo recuerda sin demasiadas vueltas: “No tenía posibilidad de salir con demasiado tiempo de antelación, no tenía visa, no tenía mi pasaporte en mi poder. Llegué solo cinco días antes y corrí sin practicar”, explica.

Mientras algunos rivales podían reconocer caminos y prepararse con semanas de anticipación, él aterrizó prácticamente sobre la hora para enfrentarse a una competencia que atravesaba buena parte de la Argentina.

El control del régimen también condicionaba algo tan básico para un piloto de rally como la elección de su acompañante. “Tuve 21 copilotos en total porque los servicios secretos me obligaban a cambiar”, cuenta.

La preocupación de las autoridades era que una dupla estable generara vínculos suficientes como para facilitar una eventual deserción. Por eso sus copilotos podían acompañarlo sólo durante una cantidad limitada de carreras. La excepción era su esposa, con quien sí pudo compartir regularmente el auto.

FANGIO, ARGENTINA Y UN APOYO QUE APARECIÓ LEJOS DE CASA

Sobiesław Zasada

En la Argentina encontró algo que no tenía en Polonia: libertad para moverse y una comunidad dispuesta a ayudarlo.

También conoció a Juan Manuel Fangio, con quien construyó una relación que excedió ampliamente un encuentro ocasional entre campeones. Fangio le dio consejos, lo acompañó y hasta lo llevó a conocer la fábrica de IKA  para mostrarle cómo se construía el Torino.

Uno de aquellos consejos tenía que ver con algo bastante elemental: cuidar el auto incluso cuando no estaba en movimiento. En carreras tan largas, lo que ocurría en un parque cerrado podía ser tan importante como lo que sucedía en el camino.

Zasada volvería a comprobarlo en 1970. Mientras encabezaba el Gran Premio con un BMW, un sabotaje en el carburador provocó que el motor quedara funcionando en tres cilindros. Terminó segundo.

En 1967, en cambio, hubo otro factor que jugó de su lado. La importante comunidad polaca radicada en la Argentina adoptó al piloto como propio. Según recuerda Zasada, unas 400.000 personas de origen polaco vivían entonces en el país, y muchos de ellos se acercaron para ayudar y custodiar el Porsche.

En la práctica, aquella comunidad terminó funcionando como una especie de estructura de asistencia improvisada para un piloto que había llegado sin el respaldo que Porsche consideraba imprescindible. Quizás por eso aquella victoria significó bastante más que ganar una carrera.

DE 1967 A CORRER EL SAFARI CON 91 AÑOS

Sobiesław Zasada
Foto: Prensa ACA/Juan Biaggini.

Lo extraordinario en la historia de Zasada es que cuesta encontrar el momento en que decidió retirarse definitivamente de todo. En 2021 tenía 91 años cuando volvió a ponerse casco para competir en el Safari Rally de Kenia, una de las pruebas más exigentes del calendario mundial. No se trató de una exhibición alrededor de un circuito ni de unas pocas vueltas conmemorativas. Fue a correr.

Cinco años más tarde llegó otra vez a la Argentina. Cuando se le pregunta cómo consigue mantenerse activo, su respuesta es bastante menos misteriosa de lo que podría esperarse. “Hay que cuidarse en cuanto al peso, hay que moverse, hay que hacer gimnasia”.

No habla de fórmulas secretas. Habla de disciplina. Su próximo gran objetivo también tiene una cifra redonda: quiere llegar a los 100 años y volver a África.

MUCHO MÁS QUE UNA VICTORIA

Gran Premio Argentino Histórico 2026
Foto: Prensa ACA/Juan Biaggini.

Visto desde hoy, resulta fácil quedarse con la imagen de Sobiesław Zasada a los 96 años, todavía rodeado de autos y hablando del próximo desafío. Pero quizás lo verdaderamente extraordinario de su historia ocurrió mucho antes, cuando para correr primero tenía que conseguir algo tan elemental como permiso para salir de su país.

En 1967 llegó a la Argentina desde una Polonia encerrada detrás de la Cortina de Hierro. No había podido reconocer los caminos, su copiloto recibió el pasaporte apenas dos días antes de la largada y Porsche directamente consideraba que el 911 no estaba preparado para semejante prueba. Zasada vino igual, prácticamente sin asistencia, recorrió una Argentina que apenas conocía y ganó.

Aquella victoria cobra otra dimensión cuando se mira el resto de su carrera. Con esas mismas restricciones para viajar, con los servicios de seguridad controlando incluso quién podía acompañarlo dentro del auto, Zasada fue tres veces campeón europeo de rally. Mientras sus rivales occidentales podían moverse, entrenar y organizar sus temporadas con otra libertad, él tuvo que construir una carrera internacional negociando primero con un régimen que desconfiaba de cada viaje al exterior.

Por eso tal vez lo sucedido en aquel Gran Premio Internacional de Turismo de 1967 explique mejor a Zasada que cualquier récord de longevidad. No fue únicamente la carrera que ganó un polaco con un Porsche que la propia fábrica no quería mandar. Fue una de esas ocasiones en las que alguien logró atravesar, aunque fuera por unas semanas, las fronteras que condicionaban su vida y hacer lo que realmente quería hacer: correr. Cincuenta y nueve años después volvió al mismo país. Tiene 96 años, sí. Pero la verdadera medida de su historia está en todo lo que tuvo que superar mucho antes para poder llegar hasta acá.

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Diego Durruty

Soy un periodista con más de 35 años en el ruedo. Arranqué en revistas como CORSA, El Gráfico, Coequipier y SóloTC, pero también me aventuré en el mundo digital en SportsYa!, e-driver.com y kmcero.com. Si eso no te sorprende, también me escuchaste en las radios Rock&Pop y Vorterix.com. Ah, y no puedo olvidar mis coberturas del rally Dakar para la agencia alemana dpa. Hoy en día escribo en Automundo.com.ar y para que no se me escape nada, también conduzco los magazines Dos Tipos Audaces y Motorix en YouTube. ¡No hay quién me pare, amigo!

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