Juan Pablo Montoya pidió una sanción durísima para Max Verstappen
El colombiano propuso sumar puntos en la superlicencia e incluso dejar fuera de carrera a quienes, según su mirada, desacrediten al deporte del que viven.
Juan Pablo Montoya volvió a hacer lo que mejor sabe hacer fuera del auto: tirar una frase que no pasa desapercibida. El colombiano, ex piloto de Williams y McLaren en la Fórmula 1, apuntó contra Max Verstappen por sus críticas constantes a las reglas actuales de la categoría y propuso una sanción durísima: sumar puntos en la superlicencia e incluso dejarlo afuera de un Gran Premio si el mensaje público contra la categoría cruza determinados límites.
La declaración surgió en el podcast Chequered Flag de la BBC. Allí Montoya sostuvo que los pilotos tienen derecho a no estar de acuerdo con el reglamento, pero cuestionó la forma en la que algunos hablan del deporte que les da de comer. “Hay que respetar este deporte”, afirmó el colombiano.

La frase no cae en el vacío. La Fórmula 1 atraviesa un momento delicado con sus nuevas reglas técnicas. Los autos actuales tienen una fuerte carga de gestión energética, con una arquitectura híbrida que reparte buena parte del rendimiento entre combustión y potencia eléctrica.
VERSTAPPEN, LAS CRÍTICAS Y EL LÍMITE QUE MARCA MONTOYA
Verstappen fue uno de los pilotos más duros con esta etapa técnica de la categoría. El neerlandés calificó las reglas como “anti-racing”, habló de una F.1 parecida a “Formula E con esteroides” y comparó algunos aspectos de los autos con “Mario Kart”, especialmente por el peso de la gestión de energía en carrera.
Ahí fue donde Montoya trazó la línea. El colombiano no pidió que los pilotos se conviertan en robots corporativos ni que salgan a aplaudir cualquier reglamento como si estuvieran en un acto escolar. Su punto fue otro: una cosa es criticar, otra es ridiculizar públicamente el producto central de la Fórmula 1.
“Estoy de acuerdo con que no te gusten las regulaciones”, planteó Montoya. Pero para el ex piloto, la forma de expresar ese rechazo debería tener consecuencias si afecta la imagen del campeonato.

Lo más fuerte llegó cuando Damon Hill le preguntó qué tipo de castigo imaginaba. Montoya no habló de una multa simbólica ni de un reto privado. Dijo directamente: “Park him”. Es decir, dejarlo parado. Y agregó la posibilidad de aplicar siete u ocho puntos en la superlicencia.
En la Fórmula 1, los puntos de penalización en la superlicencia se mantienen durante 12 meses. Si un piloto acumula 12 puntos en ese período, recibe una suspensión automática de una carrera, según explica la propia F,1 en su guía de penalizaciones.
MONTOYA: REBELDE EN PISTA, DISCIPLINADOR AL MICRÓFONO

Lo interesante de esta historia no es solo el golpe verbal contra Verstappen. Lo más jugoso es quién lo dice. Montoya no fue precisamente un piloto de libreto corporativo. Fue un corredor frontal, áspero, velocísimo, de esos que no pedían permiso para meter el auto y que no construyeron su personaje desde la diplomacia.
En la F.1 ganó siete Grandes Premios con Williams y McLaren entre 2001 y 2006, y se hizo famoso por un estilo agresivo que lo convirtió en uno de los nombres más potentes de su generación. Llegó a la categoría después de destacarse en la Fórmula 3000 y de ganar en Estados Unidos, antes de su debut con Williams en 2001.
La ironía existe, claro: Montoya, uno de los pilotos más indomables de su generación, ahora pide mano dura contra quienes critican a la Fórmula 1. Pero quedarse solo con esa contradicción sería mirar la mitad de la foto. Hoy Juan Pablo también habla como padre de Sebastián Montoya, un piloto que busca construir su propio camino hacia la máxima categoría. Y en ese mundo, donde cada declaración puede ser leída por equipos, sponsors y dirigentes, mostrarse políticamente correcto no es ingenuidad: puede ser parte del juego. Montoya sabe mejor que nadie que la F.1 admira el talento, pero desconfía del piloto que parece difícil de administrar.

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LA F.1 ENTRE LA CRÍTICA LEGÍTIMA Y EL MENSAJE CONTROLADO
El planteo de Montoya toca un nervio sensible. Los pilotos son protagonistas, no empleados mudos. Son quienes manejan los autos, sienten sus problemas, detectan riesgos y entienden antes que nadie cuándo una regla mejora o empeora el espectáculo. Silenciarlos sería absurdo. También sería peligroso.
Pero la Fórmula 1 vive de su imagen. Y ahí aparece la tensión. Si sus principales figuras dicen, una y otra vez, que el producto no les gusta, la categoría queda atrapada en una contradicción: necesita la honestidad de sus pilotos, pero también necesita que esos pilotos no dinamiten la percepción pública del campeonato.
La discusión no es nueva. En Miami, Mohammed Ben Sulayem volvió a impulsar la idea de que la Fórmula 1 regrese a motores V8 desde 2030 o 2031, como respuesta a las críticas contra la complejidad de los actuales V6 híbridos. Reuters informó que el presidente de la FIA defiende motores más simples, más ruidosos y con menor electrificación, aunque todavía con combustibles sostenibles.
Ese contexto explica por qué las palabras de Verstappen pesan tanto. No son simples quejas sueltas. Forman parte de una pelea más grande sobre el rumbo técnico de la Fórmula 1: cuánto debe mirar al futuro, cuánto debe recuperar del pasado y cuánto está dispuesta a soportar de sus propias estrellas cuando el producto no las convence.
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