
Honda RA272: la máquina que llevó a Japón a la gloria en la Fórmula 1
En 1965, un V12 japonés desafió a Ferrari y Lotus, y le dio a Honda su primera victoria en Fórmula 1.
Cuando el estadounidense Richie Ginther cruzó la meta del Gran Premio de México de 1965, Honda no solo ganó su primera carrera en la Fórmula 1. Fue también el instante en que Japón, todavía reconstruyéndose tras la posguerra, demostró que podía fabricar un auto capaz de vencer en la cumbre tecnológica del automovilismo. Aquella máquina blanca con un círculo rojo en la trompa, el Honda RA272, condensaba orgullo, ingeniería y terquedad.
DEL FRACASO AL PERFECCIONAMIENTO
Un año antes de la gloria, el RA271 apenas había completado tres Grandes Premios. Era un debut torpe, pesado y frágil. Honda, fiel a su obsesión por aprender corriendo, decidió no desecharlo, sino mejorarlo al límite para 1965. El reglamento cambiaría en 1966, duplicando la cilindrada a 3 litros, pero la marca apostó a evolucionar su motor V12 de 1.5 litros -una joya mecánica que giraba a 12.000 rpm- en lugar de empezar desde cero.

En aquel momento, el bloque RA271E entregaba 220 CV, la cifra más alta del campeonato. Sin embargo, pesaba demasiado y sufría de fiabilidad. El nuevo auto nació más liviano gracias al uso de materiales experimentales y a la reubicación de componentes auxiliares. Ronnie Bucknum continuó en el equipo y se sumó Ginther, un desarrollador meticuloso que se volvió clave en la puesta a punto.
INGENIERÍA CON ALMA DE MOTOCICLETA
El RA272 heredó la estructura del RA271, pero casi nada de sus piezas. El chasis monocasco fue aligerado 27 kg mediante aleaciones livianas y una carrocería más aerodinámica. La suspensión se rediseñó por completo y se ensanchó la trocha para ganar estabilidad.
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El motor, en cambio, siguió siendo una bestia compleja. Con cigüeñal armado y rodamientos de bolas -solución heredada de las motos Honda- entregaba una potencia salvaje, pero su peso y tamaño penalizaban el equilibrio del auto. Aquella mezcla de genialidad e ingenuidad técnica marcó el carácter del coche: rápido, pero temperamental.
LA BÚSQUEDA DEL EQUILIBRIO

Durante la primera mitad de 1965, el RA272 fue tan brillante como inconsistente. Ginther apenas sumó dos sextos puestos; Bucknum, varias roturas. Pero los ingenieros de Honda no se rindieron. En la segunda mitad del campeonato, presentaron una evolución decisiva: el RA272 Rev., estrenado en el Gran Premio de Italia.
El rediseño bajó el centro de gravedad al mover el motor 100 mm más abajo y duplicar el ángulo del cigüeñal. También mejoró la refrigeración y el flujo aerodinámico. La trompa y el carenado trasero se redibujaron para optimizar la resistencia al aire. Era una cirugía mayor en plena temporada.
MÉXICO, LA CUMBRE
El cierre del campeonato, en el Autódromo Hermanos Rodríguez, reunió todas las piezas. Yoshio Nakamura, ex ingeniero aeronáutico y nuevo jefe de equipo, afinó el auto para la altura extrema de Ciudad de México, donde el aire enrarecido castigaba a los motores. Desde el tercer lugar en la grilla, Ginther tomó la punta en la primera vuelta y no la soltó más.

Aquel 24 de octubre de 1965, Honda venció a Ferrari, BRM y Lotus. Fue la primera victoria de un motor japonés y también la primera para Goodyear en la máxima categoría. La leyenda dice que el telegrama de Nakamura a Tokio solo decía simplemente: “Vine, vi, vencí.”
EL LEGADO DEL RA272
Con su chasis blanco perlado y su motor que rugía como una orquesta de válvulas, el RA272 cerró la era de 1.5 litros de la F.1 con una nota épica. No ganó campeonatos, pero cambió la percepción mundial sobre la ingeniería japonesa. Fue el prólogo del dominio posterior de Honda en la Fórmula 1 de los ’80 y ‘90, con Williams, McLaren, y Ayrton Senna, y ahora con Red Bull y Max Verstappen, como herederos espirituales de aquella victoria pionera.
Más que un auto, el RA272 fue una declaración de independencia tecnológica: el momento en que Japón dejó de mirar a Europa para empezar a escribir su propio manual de velocidad.