Fórmula 1

El Fórmula 1 que nadie quiso mirar: la triste historia del Caterham CT05

El último modelo del equipo Caterham simbolizó la frustración de un proyecto que terminó en bancarrota.

“¿Qué es eso?”, se escuchó en el paddock del circuito español de Jerez de la Frontera cuando Caterham levantó la lona de su Caterham CT05 en enero de 2014. No era admiración, era sorpresa mezclada con incomodidad. La trompa, esa delgada protuberancia que parecía un dedo acusador apuntando al asfalto, convirtió al último auto de la escudería en objeto de memes antes incluso de girar su primera vuelta.

El problema no era estético -aunque lo parecía-, sino reglamentario: la Federación Internacional del Automóvil había impuesto nuevas medidas de seguridad y alturas para las trompas, y cada equipo las interpretó a su manera. El de Caterham quedó grabado como uno de los diseños más grotescos que vio la Fórmula 1 en este siglo.

EL CONTEXTO DE UNA REVOLUCIÓN MAL DIGERIDA

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Foto: GEPA pictures/Red Bull Content Pool.

La temporada 2014 no fue una más: fue el arranque de la era híbrida con los V6 turbo. La ingeniería debía adaptarse a sistemas completamente nuevos de recuperación de energía, refrigeración y gestión térmica.

Mark Smith, director técnico del equipo, defendía el concepto con solemnidad: “Nos enfocamos en optimizar los flujos alrededor del morro y el chasis. Fue una decisión conservadora, pensando en la fiabilidad”. Pero lo cierto es que el CT05 parecía un auto armado a contramano: exceso de refrigeración, dificultades para calentar los neumáticos y un diseño aerodinámico que ni siquiera alcanzaba a compensar el déficit del motor Renault.

EL AUTO QUE SE CAÍA A PEDAZOS

El verde metálico con detalles en blanco y amarillo intentaba aportar presencia. Airbus, Dell e Intel se asomaban como sponsors respetables. Pero el rendimiento destrozaba cualquier ilusión: doble abandono en Australia, 12 retiradas en todo el año y dos Grandes Premios en los que no se presentó.

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Foto: Clive Mason/Getty Images/Red Bull Content Pool.

El mejor resultado fue un undécimo puesto de Marcus Ericsson en Mónaco, que para Caterham sonó a triunfo. Kamui Kobayashi, más resignado que motivado, llegó a no largar en Singapur por un fallo en los frenos en la vuelta de formación. Y cuando André Lotterer debutó en Bélgica para darle aire fresco al equipo, abandonó en su primera carrera.

EL CANTO DEL CISNE: CROWDFUNDING Y DESPEDIDA

Lo más surrealista llegó en el tramo final. A octubre de 2014 Caterham entró en en concurso de acreedores y el equipo se desmoronó. Bernie Ecclestone les permitió ausentarse en Austin y San Pablo, pero la vuelta para Abu Dhabi fue de película clase B: recurrieron a crowdfunding. Sí, un equipo de Fórmula 1 pidiendo donaciones como si fuese una banda indie buscando financiar su disco.

Entre los logos improvisados apareció hasta un pub británico, el Windmill Inn, estampado en la carrocería como símbolo de la decadencia. Will Stevens debutó, Kobayashi volvió, y el CT05 se arrastró por última vez en pista antes de que todo se rematara en una subasta en 2015.

UN FEO NECESARIO EN LA HISTORIA

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Foto: GEPA pictures/ Red Bull Content Pool.

Lo curioso es que el Caterham CT05 no estuvo solo: 2014 dejó otros autos con trompas atípicas como el Ferrari F14T, el Lotus E22 o el Force India VJM07. Pero ninguno fue tan recordado como el de Leafield. Tal vez porque fue el último, tal vez porque el auto simbolizaba el fin de una ilusión iniciada por el empresario malayo en Tony Fernandes en 2010 bajo el nombre de Lotus. Cinco años después, el sueño terminó en un garaje cerrado, con 230 empleados despedidos y apenas un puñado de recuerdos.

El Caterham CT05 es un recordatorio incómodo: parece que en la Fórmula 1 no alcanza con cumplir el reglamento, hay que hacerlo con ingenio y estilo. El auto era legal, sí, pero también era torpe, lento y -peor aún- feo. A veces, la estética también cuenta en la memoria de los fanáticos. Porque cuando los hinchas hablan del CT05, no recuerdan una carrera, ni un adelantamiento, ni una estrategia brillante. Recuerdan esa trompa absurda que parecía burlarse de la categoría. Y quizá, en ese fracaso estético y deportivo, radique su triste inmortalidad.

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Diego Durruty

Soy un periodista con más de 35 años en el ruedo. Arranqué en revistas como CORSA, El Gráfico, Coequipier y SóloTC, pero también me aventuré en el mundo digital en SportsYa!, e-driver.com y kmcero.com. Si eso no te sorprende, también me escuchaste en las radios Rock&Pop y Vorterix.com. Ah, y no puedo olvidar mis coberturas del rally Dakar para la agencia alemana dpa. Hoy en día escribo en Automundo.com.ar y para que no se me escape nada, también conduzco los magazines Dos Tipos Audaces y Motorix en YouTube. ¡No hay quién me pare, amigo!

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