
La FIA explicó el caos de Sepang: un error de software dejó a varios F.1 sin potencia
El organismo reconoció que una combinación inédita de factores técnicos y ambientales provocó la pérdida de potencia que alteró la salida del GP de Bahréin.
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Lo que durante casi una hora pareció un problema inexplicable en varios Fórmula 1 ya tiene una primera explicación oficial. La Federación Internacional del Automóvil reconoció que una falla relacionada con el software y la gestión de energía provocó la pérdida repentina de potencia que desató el caos antes de la largada del Gran Premio de Bahréin disputado en el circuito malayo de Sepang.
La escena fue extraña incluso para los estándares de una Fórmula 1 dominada por la electrónica. Varios autos comenzaron a circular a velocidades extremadamente bajas, Lewis Hamilton tuvo que detener su Ferrari sobre la pista y reiniciarlo, y otros pilotos apenas conseguían mantener sus monoplazas en movimiento. La situación terminó contribuyendo a una larga interrupción que, sumada a la lluvia, demoró alrededor de una hora y media el inicio efectivo de la competencia.
Horas después de la carrera, la FIA explicó que el origen estuvo en una “combinación sin precedentes” de condiciones técnicas y ambientales, y admitió que el problema no había aparecido previamente durante las pruebas realizadas por los equipos.
QUÉ PROVOCÓ LA PÉRDIDA DE POTENCIA

Según la explicación difundida por la FIA, el inconveniente surgió por la combinación de cuatro elementos como un régimen de revoluciones del motor extremadamente bajo, la escasa adherencia de la pista, los ajustes de gestión energética utilizados para condiciones de lluvia y la configuración particular de algunos sectores de Sepang. Ese conjunto provocó una pérdida de potencia que no estaba contemplada por los sistemas de control.
El problema apareció cuando los autos circulaban lentamente durante las vueltas previas, precisamente en un escenario poco habitual para las nuevas unidades de potencia: baja velocidad, pocas revoluciones y configuraciones específicas destinadas a administrar la energía en condiciones de escasa adherencia.
La consecuencia fue desconcertante. Los motores no se apagaban necesariamente, pero algunos autos prácticamente dejaban de acelerar.
Max Verstappen lo describió después de la carrera de una manera bastante gráfica. Durante la conferencia de prensa oficial de la FIA explicó que en determinados momentos circulaban cerca de 35 km/h y seguían perdiendo velocidad, mientras varios pilotos intentaban entender qué estaba ocurriendo.
UNA ACTUALIZACIÓN DE SOFTWARE ANTES DE LA LARGADA

La solución no fue mecánica. Durante la interrupción, el departamento técnico de la FIA eliminó una restricción relacionada con el límite de energía en los sectores afectados y distribuyó una actualización de software para todos los competidores. Los equipos tuvieron entonces que cargar los nuevos parámetros en las unidades de potencia antes de que pudiera reanudarse la actividad. Eso ayuda a explicar por qué la espera se prolongó incluso cuando las condiciones de la pista habían comenzado a mejorar.
Hamilton confirmó después que una parte importante del retraso estuvo relacionada con la necesidad de actualizar el software de los autos. Verstappen incluso bromeó durante la conferencia posterior con la velocidad de las conexiones de cada equipo para completar el procedimiento y comparó la situación con una “carrera de Lego” al recordar varios autos prácticamente detenidos y circulando juntos a velocidades muy inferiores a las normales.
Detrás de la ironía había un problema serio: la Fórmula 1 tuvo que modificar parámetros electrónicos de los autos prácticamente en tiempo real para poder largar con normalidad.
UNA ADVERTENCIA PARA LA NUEVA FÓRMULA 1

La FIA resolvió el problema rápidamente una vez identificado. Eso es lo positivo. Lo inquietante es que el escenario no había sido detectado previamente por nadie.
En una Fórmula 1 donde buena parte del rendimiento depende de algoritmos, mapas de energía y sistemas electrónicos extremadamente complejos, Sepang dejó una advertencia bastante concreta: ya no alcanza con comprobar que cada componente funciona correctamente de manera aislada.
También hay que prever qué ocurre cuando interactúan en situaciones que tal vez aparezcan una sola vez durante toda una temporada. La lluvia puso a prueba a los pilotos. Pero antes de eso, puso a prueba el software de la Fórmula 1. Y encontró un error que nadie había visto venir.





