
El reclamo de Gabriel Ponce de León que sacude una vieja polémica del TC2000
El juninense reavivó el debate sobre la carrera en El Zonda en 2001 y sostuvo que el verdadero ganador de aquella carrera debía haber sido él y no Juan María Traverso.
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A casi 25 años de una de las maniobras más discutidas de la historia del TC2000, Gabriel Ponce de León volvió a poner el dedo justo donde todavía duele. La competencia del 9 de septiembre de 2001 en El Zonda quedó archivada como la última victoria de Juan María Traverso en la categoría, después de un toque decisivo sobre Juan Manuel Silva en la última vuelta que los comisarios deportivos no sancionaron. El juninense fue el gran testigo de la acción, ya que venía detrás de ambos, y aunque terminó segundo tras el retraso del Pato aún siente que el ganador debería haber sido él y no el Flaco.
QUÉ PASÓ EN LA RECORDADA FINAL DEL ZONDA 2001
El episodio ya forma parte del museo caliente del automovilismo argentino. Silva lideraba la final con el Honda Civic y Traverso lo acosaba con el Toyota Corolla. En la variante después del puente, el Flaco intentó el sobrepaso, se produjo el toque y el de Ramallo terminó quedándose con la victoria.

La discusión siguió fuera de la pista: Silva increpó a Traverso en el podio y en la conferencia de prensa posterior, convencido de que la maniobra no había sido válida. Pero los comisarios no cambiaron nada y el triunfo quedó oficialmente en manos del Flaco.
Durante años la historia quedó contada como “la maniobra Traverso-Silva”, casi como si la final se hubiera agotado en ese duelo. Lo que Ponce de León acaba de hacer es mover el eje: recordar que detrás de esa batalla hubo un tercero que, según su mirada, era el verdadero heredero del triunfo si el fallo hubiese sido otro.
QUÉ LE DIJO PONCE DE LEÓN A AUTOMUNDO
En su charla con Automundo durante la última visita del TC2000 al circuito sanjuanino, Ponce de León no dejó margen para las sutilezas. “El ganador era yo de esta carrera. Ganó el Flaco porque era el Flaco”, dijo. Y enseguida apuntó al centro de la controversia: “La verdad que no sé por qué no lo recargaron, no lo excluyeron”.
La segunda parte de su testimonio es todavía más filosa, porque intenta explicar por qué Traverso hizo esa maniobra y por qué, a su juicio, hoy sería sancionable. “El Flaco hace esa maniobra porque estaba el Pato ahí; si no sigue de largo y a lo mejor se hubiera pegado contra la pared. Él frena contra el auto del Pato y eso es sancionable…”, sostuvo.
Ahí el reclamo deja de ser una simple relectura nostálgica. Ponce de León no está diciendo solo que la maniobra fue polémica. Está diciendo que el fallo fue injusto y que, de haber existido otro criterio arbitral, esa victoria tendría que figurar en su palmarés.
EL PESO DE TRAVERSO, EL PUNTO MÁS INCÓMODO

El punto más incómodo del relato aparece cuando Ponce de León deja entrever que la figura de Traverso también pesaba fuera de la pista. “Pero bueno, nada, como dije antes, era el Flaco”, señaló. Después sumó una reflexión que apunta menos a la maniobra en sí que al contexto que rodeaba a la categoría: “En su momento él pegaba un portazo o hacía alguna declaración y si se terminaba quedaba todo ahí”. Así planteado, su testimonio no busca victimizarse, sino poner en discusión el margen de influencia que algunas personalidades tenían sobre el clima deportivo de aquellos años.
Eso es lo que vuelve especialmente potente el testimonio. No discute solo una maniobra de pista: discute también el peso simbólico, político y mediático que tenía Traverso dentro de la categoría. Y ahí la nota deja de ser un recuerdo con olor a nafta vieja para convertirse otra vez en una discusión sobre cómo se leían ciertas acciones dentro de un contexto donde algunos nombres pesaban más que otros.
A punto de cumplirse un cuarto de siglo de aquel día, la maniobra todavía divide opiniones y pone el límite entre genialidad y brutalidad quedó en una zona bastante borrosa. Ese matiz importa, porque no se trata de revisar una verdad cerrada, sino una decisión que siguió generando debate con el paso de los años.
UNA HERIDA QUE NUNCA TERMINÓ DE CERRAR
También hay algo más. Ponce de León reconoce que los puntos le sirvieron. O sea: no se presenta como un hombre al que esa carrera le arruinó el campeonato, que finalmente consiguió. Su planteo es más áspero y, justamente por eso, más creíble: sostiene que el resultado fue injusto, que lo sigue creyendo y que el nombre de Traverso condicionó la falta de sanción.
Eso cambia bastante la textura del episodio. Ya no se trata solo del recuerdo del toque entre Traverso y Silva, una escena que el archivo del TC2000 repite como si fuera una reliquia sagrada. Se trata de una voz central de aquella generación que hoy dice que el clasificador no reflejó lo que debió haber pasado. Y cuando esa frase la dispara un tricampeón, no da para despacharla como mero berrinche tardío.
La historia oficial sigue igual: Traverso figura como ganador de aquella final de 2001 en El Zonda, en la que consiguió además su última victoria en TC2000. Pero la historia emocional del automovilismo argentino no funciona solo con planillas. Funciona con heridas, relatos y cuentas que a veces tardan décadas en volver a la superficie.
Ponce de León acaba de reabrir una de esas cuentas. Y lo hizo con una frase simple, brutal y bastante eficaz: que esa carrera debía haber sido suya. Alcanzó con eso para que el polvo del archivo se levantara otra vez.
“¿POR QUÉ NO LE COMPRÁS UNA CAMPERA?”
Además del toque que definió la carrera, El Zonda 2001 también quedó asociado a otra escena que con los años tomó forma de mito: la supuesta charla entre Traverso y Silva en el podio. Según contó el Flaco alguna vez, en medio de la bronca Silva le habría dicho que quería ganar para dedicárselo a su padre por su cumpleaños. Y fue ahí, siempre de acuerdo con la versión de JMT, cuando salió la frase que quedó dando vueltas durante años: “¿por qué no le comprás una campera?”. Silva, sin embargo, negó siempre que ese diálogo hubiera existido. Para el chaqueño, se trató de otra invención dentro del repertorio verbal con el que Traverso solía reformular episodios calientes del automovilismo argentino.




