TC2000

Miguel Ángel Etchegaray y una herida que aún sigue abierta

En una extensa entrevista con Automundo, el Toto recordó las consecuencias de la sanción que lo tuvo alejado de las pistas durante un año.

En el automovilismo argentino, hay nombres que se asocian a hazañas y otros a batallas que nunca se olvidan. Miguel Ángel Etchegaray pertenece a ambos grupos. Campeón de Fórmula Renault en 1985 con un chasis Berta -una rareza histórica-, defensor de Renault en el TC2000 y de Ford en el Turismo Carretera, su campaña deportiva se construyó sobre talento, temple y códigos. Fue rival y, a veces, “guardaespaldas”, como él mismo lo dice, de Juan María Traverso, y durante casi dos décadas fue un protagonista fijo en las grillas de las categorías más exigentes del país.

Pero entre todos sus logros y recuerdos, hay un día que eclipsa al resto. El 24 de mayo de 1992, en la quinta fecha del campeonato de TC2000 en Río Cuarto, un instante de caos dentro de su Renault Fuego cambiaría su historia para siempre. Ese día nació vivió una situación que todavía, más de tres décadas después, le duele contar.

“FUE UN REFLEJO”

Toto Etchegaray

En plena carrera, el matafuego que estaba en el interior de su auto se soltó y empezó a golpear dentro del habitáculo. Etchegaray abrió la puerta, tiró el extintor y siguió enfocado en defender la posición. El matafuego quedó en medio de la pista hasta que un auto que venía detrás le pegó y lo sacó de la traza. “Fue un reflejo… Lo agarré, abrí la puerta y lo tiré. Admito que no fue la reacción ideal, pero jamás de los jamases sería capaz de hacer algo así a propósito, afirmó el Toto en una extensa entrevista que está disponible en nuestro canal de YouTube.

La Comisión Deportiva Automovilística del Automóvil Club Argentino no tuvo piedad y castigó a Etchegaray con un año de suspensión. El piloto intentó defenderse llevando el auto a la sede del ACA para mostrar que era físicamente imposible manipular el matafuego si no se había soltado. Para dejar expuesta su posición le pidió al Dr. Rivarola, entonces presidente de la CDA, que se sentara en el auto y que tratara de tomar le extintor, algo que obviamente no pudo hacer. “Pese a eso, mantuvieron la sanción…”, recordó el mercedino.

EL CONTRASTE CON EL CASO DE TITO BESSONE

Lo que más le duele es que, ese mismo año, en la definición del campeonato 1992 en Tucumán, Ernesto “Tito” Bessone intentó golpear deliberadamente al Flaco Traverso para impedir que se consagrara campeón. Esa maniobra le valió seis meses de suspensión y la opción de pagar una multa de 30.000 pesos para seguir corriendo. “A mí me dieron un año sin alternativa; a él, media año y la posibilidad de pagar. La mía fue una mala reacción. Lo otro, una mala acción. Hay una diferencia enorme…”, enfatiza.

Si la sanción fue dura, el juicio de la prensa lo golpeó más. “Me bastardearon periodistas de renombre. Me trataron como a un asesino porque yo era el defensor de Traverso. No podían ir contra él, así que fueron contra su guardaespaldas”, dispara. Según su visión, había intereses creados y una narrativa instalada para perjudicarlo.

El episodio, obviamente, trascendió lo deportivo. Si supieran el calvario que pasaron mis hijos…”, confiesa. Afirma que no busca venganza, pero confía en la justicia divina. “En algún momento, cada uno recibirá lo que merece”.

Durante la charla, Etchegaray también cargó contra el comisario técnico que revisó su auto antes de largar y que, según él, dejó mal enganchado el matafuego: “Vamos a ponerle descuido, porque era medio boludo… Puso un gancho bien y otro mal”.

UNA HERIDA QUE NO CIERRA

En el fondo, el episodio del matafuego es mucho más que una anécdota de pista. Es la historia de cómo un hecho aislado puede transformarse en un sello indeleble. De cómo la prensa, los rivales y las autoridades pueden construir una narrativa que, para bien o para mal, se impone sobre la versión del protagonista.

Etchegaray lo sabe. Por eso, cada vez que habla del tema, mezcla bronca, tristeza y resignación. Y aunque asegura no guardar rencor, la intensidad con la que revive los detalles demuestra que, en su interior, la herida sigue sangrando.

Treinta años después, revive cada instante con la misma mezcla de dolor y orgullo de quien sabe que sobrevivió a una condena injusta. Porque para él no se trató solo de un año sin correr, sino de un golpe a su dignidad que lo marcó para siempre.

“Me equivoqué como se equivocan todos los humanos”, concluye. “Pero jamás quise perjudicar a nadie. Lo que no perdono es que me hayan juzgado por lo que otros quisieron hacer de mi historia”.

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Diego Durruty

Soy un periodista con más de 35 años en el ruedo. Arranqué en revistas como CORSA, El Gráfico, Coequipier y SóloTC, pero también me aventuré en el mundo digital en SportsYa!, e-driver.com y kmcero.com. Si eso no te sorprende, también me escuchaste en las radios Rock&Pop y Vorterix.com. Ah, y no puedo olvidar mis coberturas del rally Dakar para la agencia alemana dpa. Hoy en día escribo en Automundo.com.ar y para que no se me escape nada, también conduzco los magazines Dos Tipos Audaces y Motorix en YouTube. ¡No hay quién me pare, amigo!

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