
El Gálvez avanza con una transformación histórica para recibir al MotoGP y soñar con la Fórmula 1
Las obras, iniciadas en enero, ya muestran avances concretos en el nuevo circuito, en la infraestructura central y en el rediseño integral del predio.
Durante años, hablar de la modernización del Autódromo Óscar y Juan Gálvez sonaba a deseo, a carpeta, a render o a conferencia con más entusiasmo que certezas. Esta vez, en cambio, la transformación ya se ve sobre el terreno. El nuevo circuito está demarcado, el hormigonado de las bases del edificio central ya comenzó y avanzan las estructuras premoldeadas de los futuros boxes, en una obra que cambió para siempre la fisonomía del escenario más emblemático del automovilismo argentino.
El proyecto tiene un plazo de 12 meses desde su inicio en enero de 2026 para esta primera gran etapa. El objetivo no es menor: reposicionar al Gálvez como un autódromo con estándares internacionales, capaz de volver a recibir competencias de primer nivel mundial. El foco inmediato está puesto en el MotoGP, que tiene previsto correr allí en marzo de 2027. Pero el plan no termina ahí. La ambición real, aunque más lejana, es crear las condiciones para que la Fórmula 1 vuelva a Buenos Aires.
CÓMO SERÁ EL NUEVO CIRCUITO DEL GÁLVEZ

La primera configuración internacional en desarrollo tendrá una extensión de 4,3 kilómetros, con un ancho promedio de 12 metros, salvo en la recta principal, donde se mantendrán los 15 metros. El diseño contempla 14 curvas y rectas de entre 800 y 1.000 metros, una combinación pensada para ofrecer velocidad, exigencia técnica y espectáculo.
Esta nueva traza es la que se utilizará para MotoGP. Ya está remarcada dentro del predio y sobre ella se avanzó con tareas de fresado de la capa asfáltica, demolición de pianitos y retiro de viejas barreras de protección. La nueva capa de rodadura tendrá tres niveles -de 8, 5 y 4 centímetros- y se utilizará asfalto GIMA de alto polímero, el mismo tipo de material empleado en la mayoría de los circuitos actuales de la F.1.
Ese detalle no es menor. Porque, más allá del objetivo inmediato vinculado al motociclismo, desde el origen mismo de la obra hay una clara proyección hacia la máxima categoría.
QUÉ SE DEMOLIÓ Y QUÉ YA ESTÁ EN CONSTRUCCIÓN
La transformación incluyó intervenciones profundas en casi toda la infraestructura existente. Se demolió gran parte del viejo sector de boxes con sus edificios aledaños, también el paddock, se retiró la capa asfáltica de más del 90% de los trazados históricos y hasta se desmontaron algunas tribunas para permitir el avance del nuevo esquema del predio.
En paralelo, comenzaron las obras hidráulicas y los desagües pluviales, con nuevas zanjas y cañerías (uno de los puntos flacos del viejo Autódromo). También se inició el hormigonado de las bases del edificio central, mientras se fabrican las estructuras premoldeadas que darán forma al nuevo bloque de boxes.
Ese edificio será una de las piezas centrales del nuevo Gálvez: tendrá 265 metros de largo por 23 de ancho, contará con 32 garajes de 7 metros cada uno, además del área técnica, y estará preparado para ampliaciones futuras detrás del playón si fuera necesario. Encima de los boxes se ubicarán el podio, la sala de prensa, el control de carrera y un hospitality con capacidad para 1.800 personas.
EL PLAN TÉCNICO: MOTOGP, GRADO 2 Y, FINALMENTE, GRADO 1

Hoy las obras están enfocadas en obtener la homologación Grado A de la FIM, indispensable para recibir al MotoGP. Pero el proyecto fue concebido desde el inicio con una lógica escalonada.
La etapa siguiente, más allá de 2027, apunta a llevar al Gálvez a Grado 2 FIA. Para eso se prevé, entre otras modificaciones, ampliar la recta opuesta a 900 metros. El paso final sería la homologación Grado 1, necesaria para recibir a la Fórmula 1, mediante la construcción de una gran horquilla con 10 grados de peralte que se conectará con la recta principal, estimada en unos 760 metros.
En esa configuración máxima, el circuito alcanzaría los 4,942 kilómetros, con 15 curvas (seis a la izquierda y nueve a la derecha). Según las simulaciones, la Fórmula 1 podría llegar a una velocidad final de 340 km/h, con un promedio de 272 km/h, lo que daría una vuelta estimada en 1m18s.
Ya no se trata solo de reacondicionar el autódromo. Se trata de diseñar un circuito con estándares contemporáneos y con una hoja de ruta pensada para competir en serio por un lugar en el mapa internacional.
QUÉ SECTORES HISTÓRICOS DESAPARECEN Y CUÁLES SOBREVIVEN

Toda gran obra en el Gálvez toca una fibra sensible. Y esta no es la excepción. El nuevo trazado elimina sectores históricos como los mixtos de los Circuitos 8 y 9, la S del Siervo y la Curva de la Confitería. Es, sin dudas, una ruptura con parte de la memoria del lugar.
Pero no todo se pierde. Se mantendrá -aunque fuera del trazado principal- la Bajada Juan María Traverso (el inolvidable Tobogán), junto con las rectas largas del Lago y el curvón Salotto. También seguirán presentes en la configuración principal la Curva Reutemann, rebautizada como Curva 4 Gran Arena, y la S de Senna.
A eso se suman nuevas variantes y sectores rediseñados. Se respetarán las curvas 7 y 8, aunque antes se agregará una nueva curva llamada La Orilla. También habrá un homenaje a Juan Manuel Fangio con una variante próxima a la Chicana de Ascari. El área del antiguo sector de la Tribuna 15 y parte de las pistas de aprendizaje de conducción también han sido absorbida por esta nueva configuración.
Es decir: el nuevo Gálvez no será una copia del viejo, pero tampoco un escenario completamente desconectado de su historia.
CAPACIDAD, TRIBUNAS Y PROYECCIÓN INTERNACIONAL

La obra también contempla una fuerte actualización en la experiencia para el público. Dependiendo del evento, la capacidad estimada será de 150.000 espectadores (casi el doble que antaño), con posibilidad de ampliación para ajustarse a las exigencias de la Fórmula 1, que establece una relación de un espectador cada dos metros cuadrados.
Para eso se prevé la instalación de 29 tribunas tubulares, también con margen para ampliarlas. El rediseño del predio, además, apunta a organizar mejor la circulación interna, el acceso a sectores clave y la operatividad de eventos internacionales de gran escala.
En términos de oferta de trazados, el proyecto final dejará al Óscar y Juan Gálvez con 12 circuitos diferentes: tres configuraciones orientadas a competencias internacionales y el resto destinadas a las categorías nacionales.
Ese dato explica bastante bien el espíritu de la obra. No se trata solo de adaptar el autódromo para una carrera puntual. La idea es convertirlo en una plataforma multipropósito, capaz de convivir con el calendario local sin resignar ambición internacional.
BAJO TUTELA TÉCNICA INTERNACIONAL
Los trabajos se realizan bajo la tutela de Autopistas Urbanas SA (AUSA) y son supervisados por Tilke GmbH, la firma de Hermann Tilke. Ese acompañamiento técnico era imprescindible para un proyecto de esta escala, tanto por las exigencias de seguridad como por la complejidad del rediseño.
No es un dato decorativo. La participación de Tilke conecta al proyecto con la lógica de los grandes circuitos modernos y con el lenguaje técnico que exige hoy cualquier homologación internacional. Y también confirma que el rediseño del Gálvez no responde a una improvisación localista, sino a un estándar pensado para volver a jugar en ligas mayores.
QUÉ ESTÁ EN JUEGO EN ESTA TRANSFORMACIÓN
El regreso del MotoGP ya representa, por sí solo, una noticia enorme para el deporte argentino. Pero en el fondo, la obra del Gálvez pone en juego algo más profundo: la posibilidad de devolverle a Buenos Aires una centralidad internacional que perdió hace años.
El desafío es inmenso. Porque modernizar un autódromo con semejante peso histórico sin vaciarlo de identidad nunca es sencillo. Y porque pensar en Fórmula 1, incluso como objetivo de largo plazo, implica entrar en una carrera mucho más compleja, donde no alcanza solo con tener un buen circuito. Se necesitan homologaciones, inversiones, voluntad política, respaldo privado y un proyecto sostenible.
Pero esta vez hay algo distinto: las máquinas ya están trabajando, el trazado ya está marcado y la transformación ya empezó. Y en el Gálvez, después de tanto tiempo, eso ya es bastante más que una ilusión.
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