Mattia Colnaghi, el nuevo sueño argentino hacia la Fórmula 1
El pibe de 17 años nació en Italia, pero decidió representar a la Argentina gracias a la nacionalidad de su madre.
El Gran Premio de Australia en Melbourne no solo levanta el telón de la Fórmula 1: también pone en marcha, en el mismo fin de semana, la temporada de Fórmula 2 y Fórmula 3, las dos categorías que forman la ruta más directa hacia la Máxima. Para Argentina, esa coincidencia tiene un condimento especial porque habrá presencia en los tres niveles del evento: Franco Colapinto en F.1, Nicolás Varrone en F.2 y un debutante que hasta ahora era “italiano” para casi todos: Mattia Colnaghi, de 17 años, que correrá en F.3 con licencia argentina.
Colnaghi vive en Bernareggio, en la zona de Monza, pero su historia está atada a la Patagonia: su madre, Martina, es de Esquel y emigró a Italia hace más de dos décadas.

“Mi madre es argentina, chubutense. Vive en Italia hace mucho tiempo y así conoció a mi padre. Tengo dos hermanos, vivimos todos juntos en Italia. Cada año voy dos o tres semanas a Argentina para ver a mi familia porque están mis abuelos, mis tíos y tías y mis primos y primas”, dice Mattia en perfecto español, aunque con la tonalidad lógica de su país de nacimiento.
Ese vínculo familiar terminó de convertirse en decisión deportiva a fines del año pasado, cuando tramitó la licencia deportiva del Automóvil Club Argentino y eligió representar a nuestro país en la categoría promocional. El dato no es solo sentimental: llega a su primer año en F.3 con el MP Motorsport y dentro de la Academia Red Bull, una combinación que, si los resultados acompañan, suele acelerar los tiempos en un sistema donde las oportunidades no esperan demasiado.
EL SUEÑO DE LLEGAR A LA FÓRMULA 1
Colnaghi sueña con llegar a la F.1, por su puesto. Se apoya en un razonamiento que, para un piloto joven, es casi un examen oral frente a la realidad del paddock. “Estoy en un buen equipo y también estoy en la Academia de Red Bull”, explicó, y enseguida conectó ese respaldo con un dato que él considera clave: la capacidad del programa para promover pilotos sin demasiado ceremonial cuando ve rendimiento.
Su llegada al universo de Red Bull fue por la capacidad y talento demostrado con su título en la Eurocup-3 el año pasado. Le mandaron un mail y enseguida de puso en contacto con Helmut Marko, que a fin del 2025 dejó su rol de consejero del equipo austríaco; y Guillaume Rocquelin.

Estar dentro de una estructura que en reiteradas oportunidades demostró confiar en sus talentos le da a Mattia la confianza suficiente para verse en un futuro cercano detrás del volante de un auto de Fórmula 1 si los resultados sostienen la apuesta. Por eso insiste con la condición más importante: “si tengo los resultados en la Fórmula 3” y si el año siguiente se da el paso a F.2, entonces confía en que “le darán la oportunidad”.
“Estoy en una muy buena posición para llegar a la Fórmula 1”, insiste. “Estoy en un buen equipo y también estoy en la Academia de Red Bull, que con (Arvid) Lindblad y (Isack) Hadjar demostró que no le tiene miedo de poner rookies en el auto de Fórmula 1…. Tengo que hacer una cosa a la vez y cada año focalizarme en eso sin pensar demasiado adelante. Pero creo que en cinco años se puede ir a la Fórmula 1”, agregó.
Hasta ahí, ambición. Después viene lo importante: la hoja de ruta concreta, con un “plan ideal” que, si se mira bien, también es un mensaje para sponsors y entorno. “Si tengo un buen año en Fórmula 3 puedo ir directamente a la Fórmula 2, pero depende de los resultados, principalmente, y el apoyo económico, entre otras cosas. Mi objetivo es hacer un año de Fórmula 3 y un año de Fórmula 2 y ver si tengo la oportunidad de ir a la Fórmula 1”.
Ese fragmento tiene una honestidad que no abunda en pilotos de su edad: Mattia mete en la misma frase lo que casi todos separan. Por un lado, resultados. Por el otro, apoyo económico. No como excusa, sino como variable del sistema. Y en el medio, la idea de “un año y un año”, que suena simple, pero en realidad es una forma de decir: necesito continuidad y contexto competitivo para mostrar lo que valgo.
MELBOURNE: EL PRESENTE MANDA (Y LA F.3 NO PERDONA)

Antes del futuro, está Melbourne. Y Colnaghi lo contó con una mezcla de ansiedad y sorpresa adolescente. “Creo que todavía no caí en que voy a correr en el mismo fin de semana que la Fórmula 1”, admite.
Después aparece la parte técnica, que también es clave porque muestra que no viene “en modo turista”. Ya identificó qué le va a pedir la categoría: “…el mayor desafío será la gestión de neumáticos, con una degradación mayor a la que está acostumbrado.”
Colnaghi tampoco esquiva la pregunta por expectativas. No promete ganar en su debut, pero tampoco vende adaptación eterna. “La expectativa para Melbourne es sacar un Top 7 en la carrera principal. Si se da, al ser la primera, voy a estar muy contento porque tengo muchas cosas que aprender. Pero creo que voy a enganchar muy rápidamente cómo funciona la Fórmula 3, así que me veo peleando por victorias pronto en la temporada”, dice.
RAIKKONEN, VERSTAPPEN Y UNA IDEA FIJA: MENTALIDAD FRÍA

Cuando habla de referentes, Colnaghi no elige al ídolo “lindo” de nombrar. Elige perfiles de cabeza fría, que es lo que él quiere replicar. Se confiesa admirador de Kimi Raikkonen por su mentalidad. Y lo desarrolla con una frase que explica su enfoque en pista: “El piloto tiene que tener una mentalidad muy fría en la pista. No se puede emocionar porque después hacés cosas por instinto y eso no va bien para ganar”.
Luego mira la F.1 actual y marca a Max Verstappen como referencia por dominio y eficacia: “De está esta grilla de Fórmula 1, creo que mi piloto de referencia tiene que ser Max (Verstappen), por lo que ha hecho los últimos años en la F.1 y ganar con margen como hizo él es bastante impresionante”.
REDES, CRÍTICA Y MOTIVACIÓN
Esta parte es clave porque lo posiciona mentalmente frente a lo que se le viene cuando empiece el juego de verdad. Y lo dijo con una madurez que, a los 17, no es automática:
“Creo que cualquier público va a ser duro en un momento, ¿no? Y cuando no vas bien, cualquier público te va a dar una crítica. Pero creo que es importante que yo no miro mucho las redes en ese sentido y, al mismo tiempo, creo que verlas puede ser una muy buena motivación también para mejorarme. Yo creo que va a ser muy buena motivación para mejorarme si un fin de semana no va bien”.
Esto es más que “no leo Twitter”: es entender la presión como un componente estructural del camino. Y después redobla con una frase que define el mundo Red Bull sin necesidad de explicarlo:
“Soy bastante nuevo con la presión porque es mi primer año en la Fórmula 3, en las anteriores categorías no hay tanta presión. Estoy con el equipo de Red Bull, que también me va a dar un extra de presión, pero para quedarse en la Fórmula 1 es necesaria la presión. Hay que tener una buena performance, no hay intermedios”, dijo con crudeza.
Mattia Colnaghi llega a Australia con un discurso que, a los 17, ya suena estructurado: ambición alta, lectura realista del sistema y conciencia de presión. No necesita que le inventen épica: la épica, si aparece, va a salir del rendimiento. Ahora le toca lo único que valida cualquiera de las frases que les dijo a los periodistas: la pista.



