Gucci y Alpine: la trama que une moda, poder y Fórmula 1
Gucci podría llegar a Alpine desde 2027 y ocupar el lugar que hoy tiene BWT. Pero detrás del posible acuerdo aparece una conexión mayor: Luca de Meo, Flavio Briatore, Renault y Kering, el grupo dueño de la marca italiana.
Gucci negocia su posible llegada a la Fórmula 1 como socio de Alpine desde 2027 y podría ocupar el espacio comercial que hoy tiene BWT en el equipo francés que cuenta entre sus pilotos a Franco Colapinto. Pero quedarse solo con ese dato sería mirar la foto en baja resolución. La historia realmente interesante está en la conexión entre Luca de Meo, Flavio Briatore, Renault y Kering, la empresa dueña de la marca de ropa italiana.
De Meo es hoy CEO de Kering, el grupo francés dueño de Gucci, Saint Laurent, Bottega Veneta y Balenciaga. Asumió oficialmente ese cargo el 15 de septiembre de 2025, después de haber sido CEO del Grupo Renault desde 2020. Y fue justamente De Meo quien, cuando todavía mandaba en el Rombo, llevó a Briatore de regreso al universo Alpine como asesor ejecutivo para la división de Fórmula 1.
Ese dato cambia todo. Porque una eventual alianza Gucci-Alpine no sería simplemente una marca de lujo tocando la puerta de un equipo. Podría ser la consecuencia natural de una red de relaciones personales, comerciales y estratégicas que ya existe. Y en la Fórmula 1, donde los contratos importan pero los vínculos pesan toneladas, eso nunca es un detalle menor. Ahí aparece el punto fino: quien llevó a Briatore a Alpine ahora conduce el grupo dueño de Gucci…
BRIATORE, BENETTON Y LA MEMORIA DE UNA FÓRMULA EXITOSA

La relación entre moda y Fórmula 1 no empezó ahora. El antecedente más fuerte es Benetton. La marca italiana pasó de ser patrocinador a darle nombre a un equipo completo, compró Toleman y construyó una identidad visual disruptiva que terminó asociada a los títulos mundiales de Michael Schumacher en 1994 y 1995.
Briatore fue parte central de aquella historia. Entendió antes que muchos que un equipo de F.1 podía ser una plataforma global de comunicación. Color, irreverencia, juventud, provocación y resultados. La escudería no solo corría: comunicaba.
Por eso la posible conexión Gucci-Alpine tiene un aroma conocido. No sería la primera vez que una marca de moda italiana mira a la Fórmula 1 como una herramienta para amplificar su poder cultural. La diferencia es que ahora el escenario es mucho más grande: redes sociales, Netflix, Miami, Las Vegas, celebridades, contenido permanente y audiencias que consumen F.1 como consumen música, moda o streaming. Briatore ya jugó este partido. Y no lo jugó mal.
GUCCI NO SERÍA UN SPONSOR MÁS

Gucci fue fundada en Florencia en 1921 por Guccio Gucci y construyó su identidad a partir de la marroquinería, el cuero, el equipaje y el universo ecuestre. Con el tiempo se transformó en una de las casas de lujo más influyentes del mundo, con símbolos reconocibles como el monograma GG, el mocasín Horsebit, la cartera Jackie y la línea Bamboo.
Hoy Gucci atraviesa una etapa de reordenamiento profundo. En septiembre de 2025 Kering reemplazó al CEO de Gucci y designó a Francesca Bellettini para liderar la marca, como parte de los cambios impulsados bajo la conducción de De Meo. Eso también importa: Gucci no está quieta. Está en plena búsqueda de nueva energía, nuevo relato y reposicionamiento.
La Fórmula 1 puede ofrecer exactamente eso: una plataforma global, joven, aspiracional, televisiva, digital y cargada de celebridades. Para Gucci, Alpine podría funcionar como un laboratorio de visibilidad. Para Alpine, Gucci podría ser un atajo brutal hacia una identidad más potente.
BWT DEJARÍA SU LUGAR A UNA MARCA CON OTRO PESO CULTURAL

BWT es title partner de Alpine desde 2022 y su color rosa quedó integrado a la identidad visual del equipo. Si Gucci avanza como socio principal desde 2027, la marca italiana podría ocupar ese espacio central y modificar por completo la imagen de la escudería.
Ese cambio sería mucho más que una cuestión cromática. BWT le dio a Alpine una asociación reconocible, pero Gucci jugaría en otra liga simbólica. Ya no sería solo un sponsor con color fuerte, sino una marca capaz de cambiar la percepción pública del equipo.
Alpine necesita eso. Porque su gran problema no es únicamente deportivo. También es narrativo. Ferrari vende historia. Mercedes vende tecnología. Red Bull vende espectáculo. McLaren vende juventud, diseño y pertenencia. Alpine todavía busca un relato propio dentro de la F.1 moderna. Gucci podría darle uno.
FRANCO COLAPINTO Y UNA ALPINE MÁS VENDIBLE

En este tablero, Franco Colapinto aparece como una pieza inevitable de la lectura. No porque exista una confirmación deportiva de largo plazo para 2027, sino porque su perfil encaja con la Fórmula 1 que están buscando las marcas.
Colapinto tiene velocidad, juventud, carisma, comunidad y una conexión emocional enorme con Argentina y América Latina. En una categoría donde cada piloto también funciona como plataforma de contenido, eso vale muchísimo.
Para Alpine, Colapinto representa algo más que rendimiento deportivo. Representa llegada regional, narrativa y magnetismo. Para Gucci, un piloto así puede ser mucho más atractivo que un perfil frío y corporativo. La moda necesita rostros, historias y conexión emocional. Colapinto tiene las tres cosas.
La Fórmula 1 ya no necesita solo pilotos que manejen rápido. Necesita pilotos que generen conversación. Y el argentino ya demostró que puede hacerlo.
HUGO BOSS, SERGIO TACCHINI, ALPHATAURI Y LA MODA EN LA F.1

La moda tiene varios capítulos dentro de la Fórmula 1, aunque el de Benetton es el más relevante por haberle dado su nombre a un equipo que fue campeón. Hugo Boss construyó una relación histórica con McLaren, reforzando una imagen de elegancia corporativa y profesionalismo. Sergio Tacchini apareció en el ecosistema de Toleman y en la época inicial de Ayrton Senna, cuando las marcas deportivas europeas empezaban a descubrir que los pilotos también podían ser símbolos de estilo.
AlphaTauri fue el caso más directo de los últimos años. Red Bull rebautizó a Toro Rosso en 2020 para promocionar su propia marca de moda. El equipo se convirtió en una vidriera global de indumentaria, demostrando que una escudería podía funcionar como plataforma comercial más allá del resultado deportivo.
Después llegaron asociaciones más amplias: Armani con Ferrari, Tommy Hilfiger con Cadillac F1, Adidas con Mercedes y el gran acuerdo entre Louis Vuitton y la Fórmula 1. Todo apunta hacia el mismo lado. La ropa de equipo ya no es solo merchandising: es producto urbano, objeto aspiracional y señal de pertenencia. La F1 entendió que la moda no entra para decorar. Entra para multiplicar valor.
LA OPORTUNIDAD Y EL RIESGO PARA ALPINE

Gucci podría darle a Alpine una identidad mucho más fuerte. Podría ayudar a que el equipo deje de parecer una escudería en transición permanente y empiece a verse como un proyecto deseable, reconocible y global. También podría atraer públicos nuevos, sponsors complementarios y una conversación que Alpine hoy no domina.
Pero el riesgo existe. Una marca tan fuerte puede devorar al equipo si el rendimiento no acompaña. El lujo suma brillo, pero no tapa una mala clasificación. La estética puede vender camperas, pero no convierte un auto lento en candidato al podio.
La Fórmula 1 tiene esa crueldad hermosa: podés llegar con Gucci, Louis Vuitton o con el sastre de James Bond, pero si el domingo te falta ritmo, el cronómetro te deja desnudo.
QUÉ SE JUEGA ALPINE SI GUCCI LLEGA EN 2027
Si la alianza se concreta, Alpine podría iniciar 2027 con una transformación profunda: nueva identidad visual, nueva indumentaria, más presencia lifestyle, activaciones globales, contenido con pilotos y una estrategia más agresiva para conquistar audiencias no tradicionales.
Pero lo más interesante está en la trama de fondo. Luca de Meo llevó a Briatore a Alpine cuando dirigía Renault. Ahora De Meo dirige Kering, el grupo dueño de Gucci. Briatore conoce como pocos la vieja fórmula de moda más Fórmula 1. Y Alpine necesita desesperadamente una identidad más poderosa. No hay que forzar demasiado la película. Las piezas ya están sobre la mesa.
Gucci no resolvería los problemas técnicos de Alpine. No haría más eficiente el túnel de viento ni mejoraría la tracción a la salida de una curva lenta. Pero podría darle algo que hoy también vale muchísimo en la F.1: relato, deseo y una marca capaz de hacer que el mundo mire. Y en la Fórmula 1 actual, eso no da puntos. Pero abre puertas.
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