
La ACTC toca la puerta del ACA en su momento más incómodo
Hugo Mazzacane le pidió una reunión “sin apuro” a César Carman. El gesto llega justo cuando varios equipos del Turismo Carretera reclaman respuestas internas.
El conflicto entre la Asociación Corredores Turismo Carretera y el Automóvil Club Argentino volvió a moverse justo cuando el Turismo Carretera atraviesa uno de sus momentos internos más sensibles. Después de casi tres años de relación congelada entre ambas instituciones, el domingo por la mañana Hugo Mazzacane dio una señal inesperada: tras reunirse con Gustavo Lema, uno de los propietarios del Canning Motorsport y participante del encuentro de equipos realizado el sábado en Termas de Río Hondo, el presidente de la ACTC le envió un mensaje a César Carman, titular del ACA, para proponerle una reunión “sin apuro”. El dato importa menos por el mensaje en sí que por el contexto: el acercamiento aparece justo cuando varias estructuras de la popular categoría comenzaron a plantear reclamos sobre el funcionamiento interno de la institución teceísta.
Porque lo ocurrido en Termas no fue una simple charla de pasillo. Después de aquel encuentro sabatino, nueve estructuras –Canning Motorsport, Pradecon Racing, Savino Sport, Sprint Racing, RUS Med Team, Herch Motorsport, Catalán Magni Motorsport, Tomás Abdala Racing y LRD Performance– firmaron un pedido formal dirigido a Mazzacane para mantener una reunión “con fines de conversar sobre distintos temas relacionados a nuestro trabajo dentro de la categoría”.

La redacción fue prudente, casi diplomática. No hubo acusaciones públicas ni frases altisonantes. Pero dentro del automovilismo argentino nadie interpretó esa nota como un gesto menor. Menos todavía porque llegó en un contexto donde distintos equipos comenzaron a mostrar preocupación por el rumbo político e institucional del TC.
OTRAS SEÑALES INTERNAS QUE ENCIENDEN MÁS ALARMAS
El clima en Termas dejó además otro episodio que hizo muchísimo ruido dentro del ambiente. Mauro Medina, responsable del RUS Med Team, expresó públicamente su malestar porque, según denunció, la TV oficial no realizó entrevistas a pilotos de su estructura por una directiva bajada desde la ACTC.
El episodio no es menor por la entrevista en sí, sino por lo que representa. En una categoría donde las señales políticas suelen circular tanto como los autos en pista, la denuncia alimentó una percepción que varios protagonistas vienen transmitiendo en privado: cuando alguien se corre de la línea oficial, la respuesta puede llegar por caminos indirectos.
La situación, además, contrasta con una declaración realizada por el propio Mazzacane durante la transmisión de Campeones, donde aseguró que no existía una bajada de línea y que la ACTC jamás haría algo “que perjudique al piloto”. Las palabras de Medina, sumadas a comentarios off the record de pilotos de su propia estructura, dejaron planteada una tensión difícil de disimular entre el discurso público y ciertas prácticas que el ambiente conoce de memoria…

Ese punto también sirve para medir qué puede ocurrir con los reclamos de los equipos. Si la conducción de la ACTC interpreta esos pedidos como una oportunidad para abrir una mesa real de discusión, el conflicto puede encontrar una salida razonable. Si, en cambio, los lee como un desafío a la autoridad, varios protagonistas temen que los planteos terminen menos en una agenda de trabajo que en una lista incómoda de nombres para mirar de reojo.
EL MENSAJE DE LOS EQUIPOS Y EL MOVIMIENTO DE LA ACTC
Según pudo saber Automundo, uno de los temas que surgieron en la reunión de Termas fue justamente la necesidad de descomprimir el conflicto que la ACTC mantiene con el ACA desde hace casi tres años. Ahí aparece el rol de Lema, quien habría sido uno de los encargados de transmitirle a Mazzacane parte del clima y de las conversaciones que dejaron los encuentros del fin de semana. Después de eso llegó el mensaje a Carman.
La secuencia difícilmente sea casual. La ACTC entiende que hoy enfrenta varios focos de tensión al mismo tiempo y que algunos empiezan a mezclarse entre sí. El conflicto con el ACA ya no aparece aislado de la situación interna con los equipos. Al contrario: para varios protagonistas del ambiente, ambas cuestiones empiezan a formar parte del mismo problema político.
EL ACA HABÍA INTENTADO ACERCARSE ANTES

Lo que vuelve particularmente llamativo este movimiento es que el ACA nunca cerró completamente la puerta. Desde que comenzó el conflicto entre ambas entidades, la conducción encabezada primero por Jorge Rosales y luego por César Carman mantuvo una postura más contemplativa que confrontativa. Incluso hubo intentos concretos para acercar posiciones.
El ACA llegó a ofrecerle a la ACTC participación dentro de la mesa directiva de la Comisión Deportiva Automovilística, un gesto que buscaba generar un espacio institucional compartido para desactivar el conflicto. Sin embargo, esos acercamientos nunca prosperaron y, del lado de la ACTC, el silencio fue casi absoluto.
Por eso ahora la pregunta aparece sola: ¿qué cambió? Porque la ACTC no busca hoy al ACA desde una posición de tranquilidad institucional ni deportiva. Lo hace en medio de una tensión evidente con equipos que empezaron a mostrar públicamente incomodidad sobre distintos aspectos vinculados al manejo interno de la categoría, que van desde la transparencia técnica hasta los altos costos.
UNA REUNIÓN QUE PUEDE TENER VARIAS INTERPRETACIONES
La primera lectura posible es positiva. Que finalmente la ACTC haya entendido que mantener roto el vínculo con el ACA no le hace bien a nadie y que ordenar institucionalmente el automovilismo argentino debería ser prioridad.
La segunda lectura, inevitablemente más política, es que el acercamiento también funcione como una señal hacia adentro. Mostrar predisposición al diálogo con el ACA puede servir para enviarles un mensaje a los equipos: la conducción de la ACTC escucha, toma nota y busca resolver algunos de los focos de conflicto abiertos.
El problema es que los tiempos condicionan la interpretación. Si durante casi tres años no hubo una voluntad concreta de acercamiento y el contacto aparece justo después de una reunión de equipos con tono crítico, resulta lógico que varios protagonistas se pregunten si se trata de una decisión estructural o de una maniobra para descomprimir el clima, ganar tiempo y desplazar el eje de la discusión. En ese escenario, el riesgo es que los reclamos de fondo queden tapados por una lectura política más conveniente como ganar tiempo para presentar a ese grupo de equipos no como actores que piden respuestas, sino como un foco de rebeldía interna que debe ser aislado.
EL ACA DEBE DECIDIR CÓMO JUEGA ESTA PARTIDA

Del lado del ACA tampoco el escenario es sencillo. La institución tiene interés en normalizar la relación con la ACTC porque el conflicto deteriora la imagen general del automovilismo nacional y genera ruido institucional permanente. Nadie dentro del deporte gana con un enfrentamiento eterno entre las dos entidades más importantes del país. Pero una cosa es buscar una solución de fondo y otra muy distinta es quedar atrapado en una crisis ajena.
Por eso, antes de cualquier reunión, el ACA probablemente necesite evaluar si este acercamiento responde a una verdadera intención de reconstruir puentes o si forma parte de una estrategia más inmediata de la ACTC para ganar tiempo mientras intenta ordenar su situación interna con los equipos.
Carman tiene margen para escuchar. Incluso sería razonable que lo haga. Lo que no parece conveniente para el ACA es quedar posicionado como salvavidas político de un conflicto que no generó.
EL FONDO DEL PROBLEMA SIGUE SIENDO INTERNO
Más allá del vínculo ACTC-ACA, el núcleo del problema hoy parece estar dentro del propio Turismo Carretera. La reunión de equipos en Termas dejó expuesto un malestar que ya no circula solamente en charlas privadas de boxes o motorhomes, pese a que algunos dueños de equipo y hasta algunos pilotos se hagan los desentendidos. Empezó a transformarse en un tema político.
En ese contexto, resolver el conflicto con el ACA puede ser importante, pero no necesariamente urgente. La ACTC primero necesita reconstruir confianza con varias estructuras que hoy sienten incertidumbre sobre el rumbo institucional y deportivo de la categoría. Ahí está el verdadero desafío de Mazzacane.
Si el acercamiento forma parte de una decisión genuina para reconstruir relaciones institucionales, puede transformarse en un paso importante. Pero si aparece únicamente como una señal para intentar descomprimir tensiones internas mientras la ACTC busca recuperar control político, el recorrido probablemente sea mucho más corto.
En definitiva, la sensación que hoy sobrevuela en el ambiente es bastante clara: antes de discutir el futuro del poder deportivo argentino, la ACTC primero deberá resolver los conflictos que empezaron a encenderse dentro de su propia casa.
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