El drama de Nicolás Cavigliasso, el argentino que luchaba por ganar el Dakar por tercera vez
Venía segundo en la general de Challenger y soñaba con repetir el triunfo, pero una piedra mínima desató una reacción en cadena implacable.

El Rally Dakar no avisa. No manda señales previas ni concede segundas oportunidades. Simplemente elige un momento cualquiera y aprieta el gatillo. Eso fue exactamente lo que le ocurrió a Nicolás Cavigliasso cuando la carrera más dura del planeta entraba en su zona más peligrosa: la de los que ya huelen la victoria.
Segundo en la general de Challenger, a apenas dos minutos del español Pau Navarro, Cavigliasso salió desde Wadi Ad Dawasir rumbo al campamento refugio cercano a Bisha con la serenidad de quien sabe que está en el lugar correcto. Pero a los pocos kilómetros, una piedra mínima desencadenó una reacción en cadena imposible de frenar. Se rompió el ventilador del sistema de refrigeración, una aspa suelta perforó el radiador y la etapa se convirtió en una carrera contra el tiempo… y contra el Dakar.

Nicolás y su navegante -y compañera de vida- Valentina Pertegarini pelearon para no rendirse. No fue abandono. Fue algo más cruel: seguir sabiendo que el sueño se escurría entre las manos. La posibilidad de repetir el triunfo quedó reducida a un escenario extremo, dependiente ahora de que la mala fortuna cambie de bando en las cuatro etapas que restan.
El único respiro llegó gracias a la habilitación excepcional de un pit stop, autorizada por la organización tras el deterioro de los caminos por las lluvias de los últimos días. Allí, el equipo Vertical hizo lo imprescindible para seguir: ventilador nuevo y un radiador enviado con el camión de asistencia que está en carrera. Un salvavidas técnico que permitió continuar, pero que también alivió -y mucho- a Navarro, que pasó de perseguido a dominador.

La general de Challenger se quebró. Navarro manda con margen amplio; el saudí Yasir Seaidan quedó como nuevo escolta a más de 44 minutos y el chileno Lucas del Río es tercero, ya a 57. Para Argentina, el reordenamiento fue inevitable: David Zille heredó el rol de mejor clasificado (cuarto), Cavigliasso está quinto a más de una hora y 13 minutos; mientras Kevin Benavides, segundo en la etapa, aparece undécimo en la general. El Dakar no distingue jerarquías cuando decide castigar.
EL RESTO DE LA LEGIÓN ARGENTINA
En motos, Luciano Benavides también conoció el lado filoso del desierto. Abriendo pista, perdió el rumbo en un cambio de dirección en el kilómetro 34 y perdió nueve minutos que pesan como plomo. Terminó noveno, a 11’50”, y mañana largará retrasado, con 7’05” por recuperar sobre Daniel Sanders, que le arrebató el liderazgo de la general. “Fue supervivencia pura”, resumió Luciano, con la cabeza fría y la mirada ya puesta en el contraataque. Más atrás, Santiago Rostan (36°) y Leo Cola (48°) siguen firme rumbo a la meta de Yanbu.

En Side by Side, el triunfo de Francisco Chaleco López no mueve el tablero grande: Brock Heger sigue caminando firme hacia la victoria con más de 44 minutos de ventaja. Detrás, Manuel Andújar y Jeremías González Ferioli, piloto del Puma Energy Rally Team, sostienen el pulso argentino desde el sexto y séptimo lugar, respectivamente.
ROMA, LÍDER EN ULTIMATE

En la categoría Ultimate también se escuchó ese sonido que nadie quiere oír en el desierto: el de los neumáticos rindiéndose. Nani Roma padeció dos pinchazos antes del repostaje y terminó sumando tres en total, pero aun así logró volver a la pista con gomas nuevas y sacar provecho del caos de navegación de los que venían adelante. Fue 8º a 15’36”, y la general quedó al rojo vivo: Roma líder, por delante de Carlos Sainz (+57”) y Nasser Al Attiyah (+1’10”). “He tenido tres pinchazos… todo el mundo ha tenido problemas… la próxima etapa será crucial. Humildad y tranquilidad”, dijo el español, con esa calma de viejo zorro que no confunde un susto con una derrota.
La décima etapa -segunda parte de la maratón- tendrá 420 kilómetros de especial hasta el campamento principal de Bisha. Y acá viene lo importante: el Dakar empezó a pasar factura. Ya no es la carrera acomodándose; es la carrera cobrando. La mecánica se rompe por detalles, la navegación castiga por segundos, y la general se reescribe con una facilidad obscena. Es en este punto donde el Dakar hace lo que mejor sabe: intentar elegir a sus ganadores. No al más rápido de un día, sino al que salga del desierto con la cabeza fría, el cuerpo entero y la voluntad intacta.



