El Cuadrado de Peduzzi: Un Hot-Rod bien teceísta

En 1966 dos primos de Villa Ballester se atrevieron a competir en el Turismo Carretera con un viejo Chevrolet de 1929. Hoy su recuerdo sigue vivo a través de una réplica fabricada por sus familiares.

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“Por qué no me dejan tranquilo con lo de la cupé y preparan el ‘29 para correr en el Turismo Carretera… Con este auto se van a matar en la calle”. Las palabras de Félix Peduzzi retumbaron en los oídos de su hijo Ricardo, al que todos conocían como Tola, y de su sobrino Carlos Grammatica. La recomendación de Don Félix tenía una razón de ser: estos dos muchachos veinteañeros, que querían pedirle prestada su cupecita para competir en el Turismo Carretera, se la pasaban haciendo de las suyas por las calles de Villa Ballester sobre un viejo Chevrolet de 1929 que habían transformado en un picante Hot Rod.

Inquietos como eran, a los primos les pareció divertido eso de preparar su coche para participar en la popular categoría y desistir de hacerlo con la vieja cupé de Don Félix, a la que había que hacerle muchas modificaciones. Transcurría 1966 y el reglamento teceísta tenía muchas libertades como para entusiasmarse con el proyecto del ‘29. Aún corrían viejas cupecitas, también estaban los compactos y se avizoraban los híbridos con chasis de una marca y motores de otra…

El Cuadrado
Carlos Loeffel, Atilio Viale, Luis Di Palma y el Tola Peduzzi en Buenos Aires 1966. Foto: Armando Contreras.

Faltaban unos días para correr en Buenos Aires y Tola y Carlitos decidieron alistar el ’29 para hacerlo correr. Fueron a unas pruebas que se hacían en el Autódromo y anduvieron muy bien. De hecho, quedaron a un segundo y medio de los mejores. Cuando le contaron a Don Félix, él también se entusiasmó y los ayudó a prepararlo. Así fue el nacimiento de uno de los autos más extravagantes que participó el TC y al que el ingenio popular bautizó como El Cuadrado… El Cuadrado de Peduzzi.

Lo primero que hizo Don Félix fue desempolvar la cupé con la que había ganado el Gran Premio de 1962. Le sacó varios fierros y también el poderoso seis cilindros de 270 caballos. Todo fue a parar al ‘29 del Tola, que poco a poco dejó de ser un Hot Rod. El impulsor se ubicó 20 centímetros más atrás de la línea imaginaria que unía las ruedas delanteras por su centro y fue equipado con seis carburadores, tres para funcionar con el acelerador y otros tres para complementarse a través del dínamo de la batería.

El chasis se alivianó llenándolo de agujeros y, paralelamente, se reforzó el interior con una estructura de caños tubulares. También se reemplazó el piso de madera original por uno de chapa.

El TOLA PEDUZZI

Al igual que su padre, Ricardo Alberto Peduzzi siempre estuvo ligado al automovilismo. Después de la experiencia con El Cuadrado compitió con éxito en categorías zonales hasta que tuvo la oportunidad de volver al mundo teceísta a mediados de la década de 1980 con una Chevy. La falta de resultados no lo amedrentó para continuar acelerando lo que sea. Y eso estaba haciendo el 14 de octubre de 1990, cuando falleció por un infarto mientras participaba en una fecha de la APTCO (un desprendimiento del TC del Oeste) en el circuito Presidente Derqui. Tenía 49 años.

Además, por consejo del propio Don Félix, las butacas se pusieron en el medio del vehículo y en tándem para mejorar la distribución de peso. Por esa razón el volante fue a parar al centro del habitáculo. Para la suspensión se eligieron dos amortiguadores hidráulicos tubulares y ballestas longitudinales con nueve hojas adelante y diez atrás. La parte mecánica se completó con otras piezas heredadas de la vieja cupecita como la caja de velocidades, el diferencial y los frenos.

Cuando la gente vio a los primos de Villa Ballester llegar al Autódromo con ese auto los miraban mal porque pensando que querían tomarles el pelo. Pero nada que ver, realmente ellos pensaban que el coche podía andar.

El estreno de Peduzzi y de su Cuadrado se produjo el 13 de marzo de 1966. La carrera se realizó en el circuito perimetral Nº 1 de 3.139 metros del autódromo porteño. El Tola terminó 14º, aunque a cinco vueltas del ganador Rubén Luis Di Palma. “Feo, pero simpático; grande, pero liviano. Dobla mejor que todos y goza de una ventaja extra: Está construido para correr en asfalto con rectas cortas y muchas curvas. Es muy liviano, el motor lo suficientemente potente, la relación peso-potencia fenomenal y tiene una aerodinámica que no importa mucho”, describió el periodista Julio Pérez Balbi, de CORSA, a este singular TC que fue visto como un bicho raro hasta que conquistó al público con su andar. “El Cuadrado, que iba muy bien, fue algo novedoso en su momento. Encima detrás del volante estaba Ricardo, quien era un buen piloto, aunque un poco loquito…”, rememora Carlos Pairetti, gran referente de la época.

EL GRAN DEBUT

El 13 de marzo de 1966, Ricardo Peduzzi y su Chevrolet 1929 tuvieron su gran estreno en el TC en el marco de la cuarta fecha del campeonato realizada en el autódromo de Buenos Aires. Tras lograr la segunda posición en su serie, el auto de Peduzzi tuvo problemas mecánicos en la final y se clasificó 14º a cinco vueltas del ganador, Luis Rubén Di Palma. Aquí, Tola y su primo Carlos meten mano en el herido vehículo mientras los pasa Federico Urruti (Volvo 122). “¿Por qué eso aparece en el año 1966? ¿Es una cargada a la categoría o a un buen porcentaje de los que corren en el TC?”, se preguntó el periodista Miguel Ángel Barrau. Aún no era El Cuadrado, se lo llamaba La Jaula o Elliot Ness por asemejarse al tipo de vehículo que utilizó el agente especial que se hizo famoso por su persecución a Al Capone en la Chicago de la Ley Seca.

La primera gran alegría de los muchachos de Villa Ballester llegó rápido ya que vencieron en su segunda carrera, el 10 de abril en el circuito cordobés de Río Cuarto y en una carrera donde había pocos rivales y no eran muy buenos. Pero luego consiguieron varios podios que demostraron el buen potencial de la máquina.

Como cualquier auto de competición, el ‘29 no estuvo exento de modificaciones. Algunas obligadas y otras no tanto. La original disposición de los asientos, por ejemplo, duró lo que un suspiro y se varió luego de algunas carreras por solicitud de las autoridades deportivas. Así fue que el Tola y Carlos volvieron a sentarse uno junto al otro, como cuando era un Hot Rod y hacían sus diabluras por Ballester. Y para la temporada de 1968 también se le cambió la motorización. “¡Insólito! El Cuadrado de Peduzzi con Tornado”, tituló CORSA en la tapa de la edición Nº 92. El motivo de la modificación tenía una razón: lograr más competitividad con un motor más moderno preparado por Oreste Berta.

Un Torino y El Cuadrado en plena lucha. Foto: Armando Crontreras.

“¡¿Quién es ése Berta?! ¡¿Cómo le vas a poner a tu coche un motor de otra marca?! Si lo hacés, este auto se va de mi taller”, vociferó Don Félix cuando el Tola le contó su decisión. A regañadientes, Peduzzi padre aceptó la nueva condición y hasta metió mano en el motor, aunque no le dirigió la palabra a su hijo durante varios días. Pero Don Félix insistió tanto con volver al Chevrolet que, ante la posibilidad de quedarse sin un taller, Ricardo prefirió no arriesgarse y después de algunas carreras le sacó el Tornado.

En un periodo de dos años, El Cuadrado disputó una veintena de carreras y siempre mostrando novedades técnicas que llamaron la atención. Como la disposición de los caños de escape, que llegaron a extenderse sobre el lateral izquierdo hasta asomar por arriba del techo a la altura de la cola para evitar que los gases del metanol que se usaba como combustible irritaran los ojos de sus tripulantes. O los estabilizadores de Citroën utilizados para disminuir la vibración del tren delantero al momento de los frenajes. Algo que también fue un sello de su impronta fue el movimiento de la carrocería al tomar las curvas. Era tal que en todas las competencias se rompía el parabrisas por las vibraciones constantes.

El Cuadrado
Para hacer la réplica se utilizaron varios elementos del Cuadrado original. Foto: DFD Media.

Hacia fines de 1968 las peripecias del Cuadrado se terminaron por un nuevo reglamento que limitó a 1936 la antigüedad máxima de los chasis. Ricardo decidió poner su auto en venta y para mejorar su prestación aerodinámica no dudó en pedirle a su primo Carlos que le cortara el parabrisas para inclinarlo. Sin embargo, nadie se interesó por la máquina, algo lógico teniendo en cuenta que el TC había virado hacia una tendencia más propia de los sport prototipos en la no encajaba el ‘29. Sin la chance de seguir corriendo en el Turismo Carretera, Tola y Carlos se fueron al TC del Oeste. No les fue mal: lograron los títulos de 1970 y 1971.

El Cuadrado quedó a un costado del taller y pasó al olvido. Recién volvió a ser noticia a principios de los ’80 cuando Ricardo lo puso nuevamente en venta y, esta vez, alguien lo compró. Con el dinero de la transacción, Tola terminó de armar una Chevy con la que volvió al TC, aunque no logró grandes resultados.

Carlos Grammatica junto a la réplica de El Cuadrado que hizo junto a sus hijos. Foto: DFD Media.

Aunque al Cuadrado se le perdió el rastro, Carlos Grammatica siempre lo tuvo presente. Mecánico de ley y amante de la restauración, en 2005 se propuso hacer una réplica de aquel auto tan singular que había preparado con su primo. Consiguió un viejo Chevrolet de 1929 y comenzó a ponerle algunas de las piezas que habían pertenecido al vehículo original como el eje delantero, el diferencial, la carcasa del embrague, partes de la caja de cambios y los estabilizadores. Aunque un problema en la visión lo mantuvo alejado de su taller de la calle Industria, contagió su entusiasmo a sus hijos Mariano, Gabriel y Tomás. Y así fue como en marzo de 2015 y después de 18 meses de trabajo sin descanso, El Cuadrado volvió a vivir. Carlos, que falleció en 2017, siempre lo disfrutó como si se tratase del original.

Pero la creación de los Grammatica es más que un gusto personal. Se trata de un auténtico y emotivo homenaje a un auto que aún hoy permanece en el corazón de los fanáticos por su originalidad y por demostrar que a veces, en el automovilismo, no está todo inventado.

LA ÚNICA ALEGRÍA

La única victoria que logró El Cuadrado en el TC llegó muy rápido, ya en su segunda presentación que fue en el autódromo de Río Cuarto el 10 de abril de 1966 y con una categoría que solo presentó diez máquinas. Ricardo Peduzzi dominó la clasificación con 1m11s3/10 a 120,168 km/h, también ganó su serie, pero rompió el embrague. Como la final se largó a los pocos minutos comenzó la carrera desde el fondo y para arrancar tuvo que ser empujado. Héctor Sanmartino (Chevrolet), que venía ganando con comodidad, entró a boxes por un neumático roto y Peduzzi heredó la punta que defendió con uñas y dientes del ataque de Hugo Gimeno (Valiant). Tola ganó en 37m39s a 114,290 km/h; mientras que Gimeno y Sanmartino completaron el podio.

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