Dakar

Antes de largar, el Dakar ya te pone a prueba

El primer día en Yanbu fue largo, desgastante y lleno de imprevistos. Más de 1.000 kilómetros, una noche interminable en la ruta y la certeza de que, en el Dakar, la aventura empieza mucho antes del desierto.

DIARIO DE VIAJE DESDE ARABIA SAUDITA

El primer día en Yanbu, epicentro de estos primeros días del Rally Dakar, fue interminable. No en sentido figurado: fue largo y duro como una etapa de rally. No tiene sentido comparar el cansancio de un periodista con el de un competidor -ellos se juegan el cuerpo y la carrera-, pero hay algo de esa lógica que se cuela igual. La jornada te desgasta, te obliga a adaptarte, te saca de eje. En una proporción mínima, claro, pero real. La carrera todavía no había empezado y, sin embargo, ya estaba en marcha.

Todo arrancó temprano en Jeddha, a las 8.30, rumbo al puerto de Yanbu, el kilómetro cero de la aventura. Ahí se retiraron todos los vehículos: los de carrera, los de asistencia, los motorhomes donde duermen algunos pilotos y jefes de equipo, y también los autos de prensa. En el caso de Automundo, una Mitsubishi Montero con el dorsal 2132. Fueron 335 kilómetros hasta el campamento, casi tres horas de viaje, con chofer. Un lujo que en ese momento no supe valorar del todo. A esa altura no imaginaba que, pocas horas después, iba a hacer ese mismo recorrido dos veces más. Pero manejando yo.

Diego Durruty Dakar 2026

La llegada al vivac tuvo algo familiar: movimiento constante, equipos instalándose, caras conocidas y otras nuevas. Con una diferencia clave. Este año, además de la web y de Dakarianos —el podcast que hacemos con Marcelo Carballar en YouTube—, también está la transmisión diaria de América TV, con resúmenes del 1 al 17 de enero, después de las 23.30, que se verán también en Chile por Mega, en Ecuador por Ecuavisa y en Paraguay por América TV Paraguay. El día se fue entre idas y vueltas, armado del primer programa, llamados, mensajes y una certeza incómoda: esto no terminaba como uno hubiese querido.

Durante toda la jornada estuve pendiente del WhatsApp. Marcelo, el alma mater del proyecto televisivo con Shakedown Team, estaba todavía en Países Bajos, listo para viajar. Y Cristian Suárez Maclin, la otra pata del programa a través de Abriendo Pistas, seguía sin llegar. Cuando yo ya estaba en Yanbu, él llevaba cuatro días de viaje. Un vuelo que no aterrizó a tiempo en San Pablo le había complicado todas las conexiones. Yo estuve cerca de pasar por lo mismo. Cristian llegaba a las 20.30 a Jeddah y había que ir a buscarlo. Las llaves de la Montero las tenía yo. La misión era mía.

Después de cerrar el programa y cenar, junté coraje. Me subí a la camioneta y salí rumbo a lo desconocido. Porque por más Waze o Google Maps que tengas, manejar en Arabia Saudita de noche es otra cosa. De día se disfruta. De noche se sufre. Y más aún cuando vas solo. En algún momento aparece la pregunta inevitable: ¿y si pasa algo? Tengo el carnet del Automóvil Club Argentino encima, pero dudaba seriamente de que alguna de sus grúas llegara hasta ahí.

tablero montero

No sé si existe la ley de atracción, pero sí sé que, apenas salí de Yanbu por una autopista que parecía una mesa de billar, el tablero de la Montero se iluminó. Tres luces amarillas al mismo tiempo. El andar era normal, pero el mensaje era claro: algo no estaba bien. Hice lo que haría cualquiera. Paré. “La apago y la prendo, por ahí es una fallita”. Una, dos, tres, cuatro veces. Nada. El motor no arrancó.

Respiré hondo. Miré alrededor. Silencio. Oscuridad. Por suerte, si hay algo que sobra en Arabia Saudita, además de petróleo, es señal de celular. Con VPN mediante -porque no se pueden hacer llamadas por WhatsApp- llamé a Marcelo.

“Marce, se me quedó el auto en medio de la nada… ¿Marce, estás ahí?”. El silencio fue eterno. Y después llegó: “Sí, te escuché. Estoy pensando…”.

Conociéndolo a Carballar, ese silencio me preocupó más que cualquier ruido mecánico. Le conté lo que había pasado y, casi por reflejo, le di arranque otra vez. El motor respondió. El alma volvió al cuerpo. Y Marcelo fue directo: “No la pares. Si no escuchás ruido a fierro, no la pares”.

Diego y Cristian

Así crucé el resto del camino. Más de 300 kilómetros nocturnos -fueron más, porque tuve que atravesar la ciudad- con la mano firme en el volante y relojeando el tablero. Fui a lo que indicaba la ruta: 100, 120, 130, 140. Solo bajé en algunos controles policiales. Cuando las luces de alerta volvieron a encenderse, a unos 150 kilómetros del destino, hice como si no existieran. Después supimos que todo había sido salitre afectando algunos sensores.

Llegar a Jeddah tampoco fue simple. La escritura árabe y los carteles con dibujitos de aviones me hicieron errar tres veces el acceso al aeropuerto. Tardé media hora en encontrarlo. Cristian después me diría que, según la ubicación que le compartí, la Montero parecía un Pac-Man: iba y venía por el mismo lugar.

La marcha no se detuvo. Cargó sus cosas y volvimos a Yanbu. Otros 300 y pico de kilómetros. Cuando la aguja marcó vacío estábamos a unos 20 del campamento. Dudamos si iba a arrancar. Cargamos combustible. Arrancó de una. Sin vueltas.

Llegamos a las seis de la mañana. Como Cristian no podía ingresar al vivac sin la credencial provisoria -se la daban recién a las ocho-, dormimos en la camioneta hasta esa hora. Así terminó el primer día en Yanbu. Y pensar que la carrera todavía no empezó.

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Diego Durruty

Soy un periodista con más de 35 años en el ruedo. Arranqué en revistas como CORSA, El Gráfico, Coequipier y SóloTC, pero también me aventuré en el mundo digital en SportsYa!, e-driver.com y kmcero.com. Si eso no te sorprende, también me escuchaste en las radios Rock&Pop y Vorterix.com. Ah, y no puedo olvidar mis coberturas del rally Dakar para la agencia alemana dpa. Hoy en día escribo en Automundo.com.ar y para que no se me escape nada, también conduzco los magazines Dos Tipos Audaces y Motorix en YouTube. ¡No hay quién me pare, amigo!

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