Historia

Demolición: la categoría argentina que nació para romperlo todo…

Trajo a la Argentina el ADN del show norteamericano de choques controlados: golpes, trompos, chapa arrugada y tribuna con ojos grandes.

En Estados Unidos hay una clase de automovilismo que nunca necesitó paddocks glamorosos, sponsors premium ni pilotos con buzos inmaculados. Nació en las ferias de pueblo, en esos eventos donde el entretenimiento era una mezcla perfecta de ruido, olor a comida, familia en la tribuna y un espectáculo mecánico pensado para que nadie se vaya sin una historia para contar. Autos grandes, baratos, con la vida útil en descuento, entrando a una pista con una consigna tan simple como irresistible: resistir un poco más que el resto.

Con el tiempo, ese show tomó nombre propio y se volvió tradición: el Demolition Derby donde las reglas son pocas pero sagradas (como no golpear la puerta del conductor) y el premio es brutalmente democrático: gana el último auto que todavía puede moverse. Más circo que deporte, sí… pero con una lógica interna que lo hizo cultura popular durante décadas.

demolición berazategui 1996
Foto: Sfoskett/Wikipedia.

La historia oficial -y también la mística- lo ubica creciendo con fuerza en los años 50, primero como atracción de promotores independientes en ferias y speedways. El punto fino es que el “inventor” no está grabado en mármol: hay versiones que lo atribuyen a Don Basile en California (1947) y otras que señalan a Larry Mendelsohn en Islip Speedway (1958). Lo cierto es que a mucha gente le atraían más los golpes que la carrera prolija.

Y ahí está el núcleo de todo: el derby no pretendía ser sofisticado. Pretendía ser popular. Lo que el NASCAR fue puliendo hacia la élite, el demolition derby lo mantuvo en el barro cultural: autos de calle “jubilados”, preparación mínima, reglas de seguridad básicas, y el espectáculo como fin. No había vuelta rápida que compita con el sonido de un frente plegándose como acordeón.

CUANDO EL CONURBANO DIJO “TRAIGAN ESA LOCURA PARA ACÁ”

Ahora, traé esa idea al Conurbano de los ‘90. A una Argentina donde el Turismo Carretera era religión, donde el fierro se arreglaba con ingenio y alambre, y donde todavía había espacio para inventar categorías “de barrio” con ambición de show grande. De la mente de Roby Callegari nació en 1996 Demolición, la versión local de ese caos yankee. El escenario de esta locura fue un óvalo de 400 metros en Berazategui.

óvalo de berazategui automovilismo

El parque estaba integrado por autos de marcas teceístas como Ford, Chevrolet, Dodge y Torino. Se disputaba una clasificación, series y final, la fiscalización era del Automóvil Club Argentino y el sistema de puntos premiaba lo que en cualquier otra categoría te mandaba directo al taller: dejar rivales fuera de combate.

El circuito tenía su propia lógica de diseño, simple y efectiva para lo que proponía: un óvalo corto con una isla central, donde se ubicaban los boxes, y el público siguiendo la acción detrás de un alambrado perimetral y con tribuna. El trazado, además, estaba “más abajo”, lo que permitía ver todo sin perderte nada y, al mismo tiempo, con un margen de seguridad razonable para el espectador.

En cada fecha se armaba un esquema bien de automovilismo “normal” (y eso lo vuelve más fascinante): primero se ordenaba el caos con clasificación, después se lo dividía en series, y finalmente se largaba la final con una decena de autos. La diferencia era el “para qué”: acá, mantener el auto sano no era una obsesión… era una ilusión.

“MANTENERSE EN PISTA ERA TODO UN TEMA”

carreras de demolición argentina

Juan Carlos Zega, uno de los pilotos habituales, recordó alguna vez: “Mantenerse en pista era todo un tema… hasta los que lograban terminar la prueba quedaban muy averiados”. Es una frase que funciona como resumen técnico y poético a la vez: en Demolición, terminar ya era un resultado.

Y acá aparece el dato que le pone un moño argentino al asunto: el óvalo estaba al costado de la entonces flamante autopista Buenos Aires–La Plata. No era un “lugar remoto”, era algo que estaba ahí, al lado del flujo cotidiano, como si el show te guiñara un ojo cada vez que pasabas. Hoy, en ese predio, hay canchas de fútbol. El automovilismo argentino también es eso: escenarios que se prenden un rato, arman culto, y después quedan tapados por la vida real.

POR QUÉ DURÓ TAN POCO Y POR QUÉ AÚN SE RECUERDA

La categoría Demolición tenía dos enemigos inevitables. El primero era logístico y económico: romper autos no es barato. En Estados Unidos el derby se alimentó durante décadas de stock enorme de sedanes grandes, pesados, de chasis noble, comprados por monedas. Cuando eso se agotó, el derby mutó (más compactos, más clases, más reglas).

categorías desaparecidas automovilismo argentino

En Argentina, el parque automotor y la disponibilidad de “donantes” nunca fue esa. Y además, el auto acá siempre fue más “patrimonio” que “consumible”.

El segundo enemigo era cultural: el automovilismo argentino ama la épica… pero también vive discutiendo qué es “deporte” y qué es “show”. Demolición jugaba en esa frontera: para algunos era una herejía; para otros, una versión honestísima de lo que mucha gente disfruta cuando mira carreras: el desorden. Entonces, ¿por qué quedó en la memoria?

Porque fue una anomalía. Y las anomalías, cuando pasan cerca de tu casa (literal: al lado de la autopista), se vuelven cuento. Porque uno se imagina el sonido metálico del golpe, la chapa doblándose, la tribuna gritando un choque como si fuera un gol feo pero gol al fin. Y porque, para ser sinceros: hay algo hipnótico en ver a un auto sobrevivir.

categorías desaparecidas automovilismo argentino

Si hoy nos da nostalgia un óvalo perdido de Berazategui es porque en el fondo extrañamos una época donde el automovilismo todavía podía improvisar una locura y llamarla “categoría”.

Y acá va la pregunta incómoda que queda picando: si Demolición hubiera aparecido hoy, con redes, clips y cultura TikTok… ¿hubiese durado más que un suspiro?

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Diego Durruty

Soy un periodista con más de 35 años en el ruedo. Arranqué en revistas como CORSA, El Gráfico, Coequipier y SóloTC, pero también me aventuré en el mundo digital en SportsYa!, e-driver.com y kmcero.com. Si eso no te sorprende, también me escuchaste en las radios Rock&Pop y Vorterix.com. Ah, y no puedo olvidar mis coberturas del rally Dakar para la agencia alemana dpa. Hoy en día escribo en Automundo.com.ar y para que no se me escape nada, también conduzco los magazines Dos Tipos Audaces y Motorix en YouTube. ¡No hay quién me pare, amigo!

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