
Hay que ponerse en el lugar de Jack Doohan en este momento. Está sentado en su Alpine y aferrado firmemente al volante de su auto, mientras siente el peso invisible de la presión aplastándole los hombros. No es solo la tensión de competir en la Fórmula 1, sino el estruendo mediático que lo rodea. Y lo peor: una parte de ese ruido viene desde su propio equipo.
La llegada de Franco Colapinto a Alpine como piloto reserva ha sido como encender una mecha en un depósito de combustible. El argentino, con su talento y el entusiasmo feroz de sus seguidores, ha despertado una conversación incómoda dentro del team francés. Oliver Oakes, responsable de Alpine, lo ha admitido sin rodeos: “Hemos generado mucho ruido. No le hemos puesto en la mejor situación”.

Es difícil de negar. Doohan, que hasta mediados del año pasado se perfilaba como el futuro del equipo, ahora tiene que demostrar su valía con un reloj de arena en su contra. Y cada grano de arena es un rumor, una especulación, una mirada de soslayo en el paddock.
EL FUEGO INTERNO: COLAPINTO Y LA PRESIÓN SOBRE DOOHAN
En el mundo del automovilismo, la presión es como el combustible: bien administrada, impulsa a los pilotos hacia la gloria; mal manejada, los consume hasta dejarlos en cenizas. Y en este caso, la gestión de Alpine no ha sido precisamente la más favorable para Doohan.
No es sólo Colapinto. En el garage de Alpine hay otros nombres que alimentan la incertidumbre: Paul Aron, Ryō Hirakawa y Kush Maini también forman parte de la alineación de reserva. Pero ningún piloto ha generado tanto revuelo como el argentino. La razón es simple: Colapinto no solo es rápido, también es una mina de oro en términos de marketing y expansión de marca. La fiebre albiceleste lo arropa con una pasión que Alpine no puede ignorar.
EL GOLPE EN AUSTRALIA Y LA LUPA SOBRE DOOHAN

Si el ruido ya era ensordecedor, lo sucedido en el Gran Premio de Australia lo amplificó. Doohan llegó a su carrera de casa con la obligación de dar un golpe sobre la mesa, pero en lugar de eso, se fue contra el muro en la primera vuelta. Un error fatal para cualquier piloto, pero demoledor cuando tienes a un contendiente respirándote en la nuca.
Y es que en la F.1, la narrativa es cruel. Un buen fin de semana puede elevarte a la categoría de estrella, pero un error, especialmente en casa, puede ponerte en la mira de los que buscan un cambio. La prensa no tardó en sacar conclusiones. La presión aumentó. Y Doohan lo sabe.
EL PAPEL DE ALPINE EN LA TORMENTA
Oliver Oakes no se ha escondido. Ha aceptado que la situación es en parte consecuencia de la estrategia del equipo. “Tenemos una responsabilidad con el equipo y con las más de 900 personas que dependen de nuestras decisiones”, afirmó. La pregunta es: ¿esas decisiones contemplan un futuro sin Doohan?
Tal vez en la siguiente reflexión del team-manager esté la respuesta:“Si eres bueno y puedes manejar la presión, te mereces estar en la Fórmula 1. Al final, sólo hay 20 pilotos en la parrilla y todos deben rendir sin importar las circunstancias”.
En el fondo, todo se reduce a resultados. Si el australiano quiere apagar el ruido, no tiene otra alternativa que rendir. Y hacerlo ya. Porque en la Fórmula 1 no hay margen para el titubeo. La presión es un filtro implacable: los que la soportan, sobreviven. Los que no, quedan en el olvido.
Con la temporada en marcha, las próximas carreras serán determinantes. Doohan necesita no solo puntos, sino actuaciones convincentes que refuercen su posición dentro de Alpine. Y mientras tanto, Colapinto seguirá acechando en la sombra, listo para aprovechar cualquier oportunidad.
Porque la Fórmula 1 no espera a nadie. Y Jack Doohan está en el ojo del huracán.