
Ricardo Zunino y una crítica que expone el ADN en crisis de la Fórmula 1
El ex piloto argentino que disputó diez GP’s en la Máxima analizó el presente de la categoría en plena era de la gestión energética. Además, respaldó a Franco Colapinto con una lectura tan orgullosa como realista.
La Fórmula 1 atraviesa una etapa extraña: nunca fue tan sofisticada, tan segura ni tan obsesionada con la eficiencia, pero al mismo tiempo convive con una discusión de fondo sobre su identidad. En 2026, con autos condicionados por una gestión energética cada vez más invasiva, fases de aceleración en las que no siempre se puede ir a fondo y carreras donde el equilibrio entre batería, regeneración y despliegue de potencia pasó a ser decisivo, la categoría quedó más expuesta que nunca a una crítica incómoda: por momentos, el piloto parece administrar un sistema antes que domar un auto al límite.
En ese escenario híper técnico, donde el reglamento empuja a una F.1 de laboratorio y donde la ingeniería gana cada vez más espacio en el resultado final, la mirada de Ricardo Zunino adquiere otro espesor. Porque cuando un ex piloto de la máxima categoría dice que esto se parece más a un campeonato de ingenieros que de pilotos, no está tirando una frase para la tribuna: está señalando una transformación que hoy ya resulta imposible de disimular.
EL PASO DE ZUNINO POR LA MÁXIMA

El Colorado Zunino disputó diez Grandes Premios entre 1979 y 1981 con Brabham y Tyrrell, en una época donde el piloto tenía un protagonismo mucho más directo sobre el resultado.
Su mejor registro fueron dos séptimos puestos: uno en su debut, en el Gran Premio de Canadá de 1979, y otro en el Gran Premio de Argentina de 1980. No son números estridentes, pero sí suficientes para entender la categoría desde adentro. Y eso es lo que le da peso a su análisis.
“A lo que se refiere a seguridad y todo esta Fórmula 1 es excepcional porque hay dinero como para hacer los autos más seguros, los circuitos más seguros… antes era muy peligroso”, le explicó el sanjuanino a Automundo durante su vista a El Zonda Eduardo Copello para presenciar la última fecha del TC2000.
Ahí no hay debate. La Fórmula 1 moderna salvó vidas y elevó estándares que hoy son referencia en todo el automovilismo. El problema, según su mirada, aparece cuando ese desarrollo técnico empieza a condicionar demasiado la esencia deportiva.
“ES UN CAMPEONATO DE INGENIEROS”

La frase es fuerte, pero también es precisa. “No me gusta en lo que se ha transformado la Fórmula 1. Es un campeonato de ingenieros y no de pilotos”, dijo.
Y no es solo una percepción romántica. Es una consecuencia directa de cómo está planteado el reglamento actual. Hoy, un piloto no puede ir siempre al límite aunque quiera. Tiene que gestionar energía, cuidar temperaturas, seguir procedimientos y respetar ventanas de rendimiento extremadamente finas. El margen para improvisar, para arriesgar o para imponer su talento puro está más acotado que nunca.
La paradoja es clara: los autos son más rápidos en términos absolutos, pero no siempre pueden explotar ese potencial. La gestión energética -ese famoso equilibrio entre lo que se usa y lo que se guarda- condiciona incluso momentos clave como la clasificación o los duelos en pista.
Ahí es donde aparece lo que muchos ya empiezan a llamar una Fórmula 1 “clínica”. Perfecta, eficiente, milimétrica… pero a veces previsible. Zunino no lo plantea en esos términos, pero apunta exactamente a eso: a una categoría que corre el riesgo de volverse demasiado controlada.
COLAPINTO, ORGULLO ARGENTINO

Obviamente, Zunino también tuvo palabras hacia Franco Colapinto, el nombre que volvió a conectar a la Argentina con la Fórmula 1.
“Como toda la Argentina estoy muy contento de tener un representante en la Fórmula 1”, dijo sobre el actual piloto de Alpine. Y ese entusiasmo es genuino. Después de años de ausencia, ver un argentino en la grilla vuelve a tener un valor simbólico enorme.
Pero su análisis no se queda en el aplauso. Zunino puso una variable que muchas veces se subestima: el auto. “El tiempo da lo que el tiempo tiene que dar o sea en este momento está en su segundo año en la Fórmula 1. Veremos el techo que tiene y la fortuna que tiene de conseguir un auto adecuado”, explicó.
Es una frase simple, pero brutalmente honesta. Porque en la Fórmula 1 el talento no opera en el vacío. Depende del contexto, del equipo, de la propia experiencia, del desarrollo técnico y de las decisiones estratégicas.
UNA ADVERTENCIA QUE LA FÓRMULA 1 NO PUEDE IGNORAR

Lo más interesante de la mirada de Zunino es que no es una queja. Es una advertencia. La Fórmula 1 logró lo que muchas categorías no pudieron: ser global, ser rentable, ser tecnológicamente líder. Pero en ese camino, empezó a tensionar su propia esencia.
Cuando un ex piloto dice que hay que “rever” el rumbo, no está pidiendo retroceder. Está sugiriendo ajustar. Encontrar un punto donde la tecnología no opaque al piloto.
La discusión no es menor. Tiene que ver con el espectáculo, con el ADN de la categoría y con lo que el público espera ver. Porque la Fórmula 1 no se construyó sobre la idea de quién administra mejor la energía. Se construyó sobre la idea de quién se anima a frenar más tarde, a acelerar antes y a sostener el auto donde otros no pueden.
Zunino lo dijo en pocas palabras. Pero el mensaje es grande. Y en una categoría que siempre miró hacia adelante, quizás haya llegado el momento de frenar un segundo… y preguntarse hacia dónde está yendo.





