El ambicioso plan de Julián Santero para correr las 24 Horas de Daytona
Convencido de que los costos son comparables a las categorías locales, el mendocino sueña con compartir equipo con Agustín Canapino y Matías Rossi sobre un GT3.

Hay ideas que nacen como charlas de boxes y otras que, si se dicen en voz alta, empiezan a pedir pista. Julián Santero acaba de hacer eso: poner sobre la mesa un proyecto tan ambicioso como provocador. Correr las 24 Horas de Daytona con una alineación 100% argentina.
La propuesta no es humo ni fantasía de sobremesa. Santero la explicó con claridad -y convicción- en una entrevista con Carburando, donde dejó una frase que funciona como disparador: “Tenemos todavía el chip de que es imposible, y cuando vamos a los costos vale lo mismo que correr acá”. Ahí está el corazón del asunto.
DEJAR DE SOÑAR Y EMPEZAR A ARMAR

Santero lo dice sin vueltas, con ese tono de piloto que ya pasó varias veces por la línea de llegada: “Tengo una idea en mente… tengo que dejar de que sea un sueño. Quiero armar un equipo de tres pilotos argentinos para correr las 24 horas de Daytona. No es algo imposible.”
El plan es concreto. Buscar sponsors, armar un equipo serio, conseguir un buen auto y salir a competirles a los estadounidenses y a la elite mundial en su propio terreno. Nada de ir a mirar. Ir a correr.
UN DREAM TEAM ARGENTINO
Si el proyecto avanza, los nombres no sorprenden, pero pesan. Santero se incluye –lógico- y suma a dos pesos pesados del automovilismo nacional.

Primero, Agustín Canapino. No solo por talento conductivo, sino por experiencia directa: ya corrió en Daytona, conoce el ritmo, la pista y la lógica del endurance norteamericano.
Y como tercer integrante, el elegido sería Matías Rossi, un piloto con ADN de equipo grande, constancia y capacidad de adaptación.
Santero lo resume sin falsa modestia: “Con nosotros tres estaríamos a la altura de cualquier equipo de nivel europeo”. Dicho así, suena fuerte. Pero también difícil de refutar.

GT3 ANTES QUE PROTOTIPOS
El mendocino no se deja llevar solo por el entusiasmo. Analiza. Piensa. Ajusta. Aunque admite que le gusta la clase prototipo (DPI), reconoce que la adaptación es mucho más compleja. Por eso, baja a tierra el plan y apunta a GT3, una categoría más accesible desde lo técnico y más rápida para entrar en ritmo competitivo.
“El GT3 me parece que nos adaptaríamos rápido y que podríamos hacer un buen papel”, explicó. Y ahí aparece otro punto clave: Daytona no perdona improvisaciones, pero sí respeta a quienes llegan bien preparados.
UN DESAFÍO DE GRAN NIVEL
Daytona no es cualquier carrera. Es resistencia, estrategia, noche, tráfico, errores ajenos y aciertos propios. Y, sobre todo, es prestigio. Si este proyecto se concreta, no será solo un sueño cumplido para Santero. Será una señal potente hacia afuera: Argentina también puede jugar este partido.
Ahora la pelota -y el volante- están en movimiento. ¿Se animarán los sponsors a subirse? La idea ya salió del box. Y cuando eso pasa, tarde o temprano, alguien acelera. ¿Se puede? Sí. ¿Es fácil? No. ¿Vale la pena? Absolutamente.



