El Zonda: el mito sanjuanino que se negó a morir
A 58 años de su inauguración, el templo sanjuanino revive con el regreso del TC2000.

El viento que sopla en la Quebrada del Zonda vuelve a sonar distinto. No es solo aire cálido entre montañas: son ecos de motores, voces, historia y leyenda. El autódromo sanjuanino -ese milagro de cemento encajado entre rocas- renace con la misma pasión con la que fue inaugurado aquel 8 de octubre de 1967, cuando Eduardo Copello, el ídolo local, ganó la primera carrera y pronunció la frase que hoy parece escrita para la eternidad: “Este es el triunfo más valioso de mi vida.”
Más de cinco décadas después, aquella frase se volvió homenaje y legado. El autódromo que hoy también lleva el nombre de Copello resurge con la misma fuerza que lo vio nacer. Su espíritu vuelve a recorrer la quebrada con el regreso del TC2000 -que disputa este fin de semana la novena fecha de su campeonato- y una puesta en valor que lo devuelve al centro del automovilismo argentino.
LA QUEBRADA QUE SOÑÓ CON MOTORES

Cuando se pensó en construir un circuito en San Juan, muchos lo creyeron imposible: una pista entre cerros, con curvas que desafiaban la física y un público que debía trepar por la roca para ver pasar a los autos. Pero fue precisamente esa locura la que le dio alma.
El gobernador de entonces, Edgardo Gómez, encabezó la obra junto a un grupo de ingenieros locales. Juan Manuel Fangio, ya retirado, llegó a supervisar el diseño. Se cuenta que sugirió invertir el sentido de giro y reubicar los boxes. Tenía razón: de esa corrección nació una pista de 3.229 metros que el tiempo convertiría en mito.
El día de la inauguración fue una auténtica fiesta nacional. Fangio y Óscar Gálvez se mezclaban entre los aplausos, mientras un joven Oreste Berta -todavía sin los laureles que más tarde lo consagrarían- observaba cada detalle desde los boxes de la 27ª fecha del Turismo Carretera de 1967.
La primera serie la dominó Héctor Gradassi, pero Copello, impulsado por el fervor de su gente, lo alcanzó y le arrebató la victoria. La segunda fue para Carmelo Galbato, aunque la final tuvo dueño desde el primer rugido: Copello y la mítica CGT, el equipo que dirigía Berta, marcaron el ritmo de principio a fin. El sanjuanino cruzó la meta adelante, seguido por Gradassi y Jorge Ternengo, sellando una jornada que el país entero recordaría.
CUANDO EL ZONDA FUE DEL MUNDO

El 21 de diciembre de 1968, el circuito se convirtió en vitrina internacional con la Temporada Argentina de Fórmula 2. Llegaron Ferrari, los Brabham y un joven Frank Williams dando sus primeros pasos como dueño de equipo. También corrieron Clay Regazzoni, Henri Pescarolo y un argentino que luego brillaría en la Fórmula 1: Carlos Reutemann.
Andrea de Adamich ganó la carrera a bordo de un Ferrari. El italiano superó al francés Jean-Pierre Beltoise y al austríaco Jochen Rindt, quien solo dos años después se convertiría en el primer campeón post morten de la F.1.
Los europeos se deslumbraron con el paisaje y porque el autódromo tenía ducha para los pilotos y los mecánicos… y se asustaron con el vértigo del trazado. El Zonda era hermoso, pero exigente: una sinfonía de riesgo y belleza tallada en la piedra.

Aquella pista enclavada en la roca no solo fue escenario de gestas, sino también escuela de futuros gigantes. En 1979, un brasileño de 19 años llamado Ayrton Senna compitió allí en el Sudamericano de Karting. Nadie podía imaginar entonces que aquel chico tímido y meticuloso, que giraba con precisión quirúrgica por el trazado de 850 metros, sería algún día tricampeón del mundo de F.1. Desde entonces, el viento que baja por la quebrada lleva un rumor que los sanjuaninos reconocen de memoria: el Zonda no solo vio pasar autos, también vio nacer leyendas.
TRAVERSO, SILVA Y LA CURVA QUE SE VOLVIÓ LEYENDA

Con el tiempo, El Zonda se volvió territorio de Juan María Traverso, uno de los pilotos más exitosos del automovilismo argentino. De sus seis victorias en esta pista, la más recordada es la de 2001, cuando le ganó a Juan Manuel Silva con una maniobra que aún hoy genera debate.
Silva, con su Honda Civic, estaba a punto de sellar la victoria cuando, en la última vuelta, Traverso le tiró su Toyota Corolla en la curva que marca la salida del Rulo hacia la recta opuesta. El Flaco, fiel a su estilo, arriesgó todo y no le dio tiempo a reaccionar a Silva, que siempre le reprochó esa maniobra. Fue tal el impacto de aquel sobrepaso que esa curva hoy lleva el nombre de Traverso.

El Zonda también fue escenario de finales tan apretadas que parecían escritas por el destino. En 2014, Leonel Pernía y Matías Muñoz Marchesi cruzaron la meta al mismo tiempo. Literalmente juntos. La bandera a cuadros flameó mientras los cronómetros buscaban una centésima imposible. Ganó Muñoz Marchesi por una sanción a Pernía, pero la imagen de ambos autos recibiendo la bandera a la par se volvió símbolo de la historia del circuito.
Claro que este autódromo también conoció el miedo. En 1998, Ernesto Bessone sufrió un accidente brutal. Sin dirección hidráulica, perdió el control y golpeó de costado contra el muro. Se salvó de milagro. Años después recordaría: “Me asusté porque sentía olor a combustible y no podía salir. Los segundos parecían una eternidad.” Su testimonio marcó el otro rostro del Zonda: el del respeto y la supervivencia.

Pero no todas las anécdotas quedaron en la pista. El 5 de mayo de 2002 se vivió uno de los sucesos más insólitos del automovilismo argentino. Tras su quinta victoria en el TC2000, el cordobés Marcelo Bugliotti, desbordado por la euforia, se desnudó en el podio ante el asombro general. “Lo hice como dedicatoria a los políticos que nos dejaron en bolas…”, dijo primero. Luego se excusó con un resignado “se me salió la cadena”. La CDA del ACA no tardó en sancionarlo: multa de 2.000 pesos —unos 600.000 de hoy— y la obligación de donar 40.000 litros de leche a entidades benéficas de San Juan.
UNA NUEVA ETAPA
Después del 15 de septiembre de 2019, cuando Matías Milla logró la última victoria del TC2000 en el Zonda, el rugido se convirtió en silencio. Las categorías nacionales se mudaron al moderno Villicum y el anfiteatro natural de la quebrada quedó dormido, esperando.
Esa espera terminó. En 2025, el TC2000 vuelve al Zonda con sus nuevos SUV de 500 caballos y efecto suelo: un guiño moderno al espíritu audaz de los pioneros. La pista, restaurada y puesta en valor, conserva su esencia: curvas que muerden la roca, rectas angostas que no perdonan y un público que siente que el cerro late con cada cambio de marcha.
Esta reinauguración no es solo una fecha: es un ritual. Un reencuentro entre generaciones que crecieron con Traverso, lloraron con Copello y soñaron con ver otra vez el humo de los escapes saliendo de la quebrada. Hoy El Zonda vuelve a rugir como rugen las cosas que nunca se olvidan.



