Red Bull pagó 126 millones de dólares en indemnizaciones en un año
Mientras la F.1 se obsesiona con el límite de presupuesto, Red Bull gastó como en los viejos tiempos… pero en cheques de salida: Checo Pérez, Horner y Marko. Y el número final es de esos que te hacen tragar saliva.
Red Bull Racing es, desde hace más de una década, uno de los equipos más eficaces de la Fórmula 1 moderna. Pero incluso las estructuras más exitosas tienen un punto ciego: el manejo del poder cuando el ciclo empieza a crujir.
En los últimos doce meses, la escudería austríaca protagonizó una reestructuración profunda que incluyó la salida de Sergio Pérez, Christian Horner y Helmut Marko. Tres nombres, tres historias distintas, un denominador común: indemnizaciones millonarias.
CUÁNTO PAGÓ RED BULL POR CADA DESPIDO

Según cifras que circularon en medios internacionales y en el propio paddock, Red Bull habría afrontado los siguientes pagos:
- u$s 16 millones a Sergio Pérez para rescindir un contrato que se extendía hasta 2026.
- u$s 100 millones a Christian Horner tras su salida definitiva del equipo.
- u$s 10 millones a Helmut Marko para cerrar su etapa histórica como consejero dentro de la estructura.
El total asciende a 126 millones de dólares. Para ponerlo en perspectiva: con un límite presupuestario de referencia de 135 millones de dólares, ese monto equivale a más del 93% de lo que un equipo puede gastar en una temporada completa. Incluso con el nuevo techo previsto para 2026, cercano a 215 millones de dólares, sigue representando casi el 60% de un presupuesto anual.
El contraste es evidente: mientras la F.1 controla cada tornillo del auto, las decisiones políticas siguen siendo libres… y carísimas.
CUANDO EL SEGUNDO ASIENTO DEJA DE SER SOSTENIBLE

La salida de Checo Pérez fue la menos sorpresiva, pero no por eso la menos significativa. Tras un 2024 irregular por un auto que jamás lo acompañó, el mexicano quedó atrapado en una lógica conocida en Red Bull: cuando el rendimiento no convence se acaba el crédito.
Lo curioso es que Pérez tenía contrato vigente hasta 2026. Por eso romperlo implicó negociar una compensación que, según trascendió, rondó los 16 millones de dólares. No fue una sanción deportiva ni un despido disciplinario: fue una salida pactada para evitar arrastrar un conflicto interno durante un ciclo técnico que ya daba señales de desgaste.
En términos deportivos, Red Bull buscó aire. En términos económicos, pagó por ese aire.
EL PRECIO DE DESMONTAR UN CENTRO DE PODER

El caso de Horner es distinto y mucho más profundo. No se trató de resultados en pista, sino de gobernabilidad interna. El escándalo que lo involucró con una empleada abrió una grieta que nunca llegó a cerrarse del todo y expuso tensiones entre accionistas, ejecutivos y el entorno de Max Verstappen.
Horner no era solo el team principal: era el arquitecto del poder cotidiano en Milton Keynes. Sacarlo implicó negociar un acuerdo de salida que, según reportes de ESPN, Reuters y otros medios, se ubicó en torno a los 100 millones de dólares.
Es una cifra que impacta, pero que también explica algo más profundo: en la F.1, desmontar estructuras de poder consolidadas es mucho más caro que construirlas.
EL FINAL DE LA VIEJA GUARDIA

La salida de Marko cerró simbólicamente una era. Responsable del programa de jóvenes pilotos y figura clave en la carrera de Verstappen, Marko representaba la identidad más cruda y directa de Red Bull: resultados o puerta.
Su salida se dio en un contexto de cambio generacional y de reordenamiento estratégico de cara a 2026, con Red Bull Powertrains y Ford como nuevo eje técnico. Según medios europeos, el acuerdo incluyó un pago cercano a los 10 millones de dólares.
No fue un despido traumático, pero sí una señal clara de que el equipo decidió pasar página, incluso si eso implicaba despedirse de uno de sus pilares históricos.
EL DINERO COMO SÍNTOMA, NO COMO PROBLEMA
Los 126 millones de dólares que gastó Red Bull en indemnizaciones en el último año no son, en sí mismos, el problema para el equipo austríaco. Para una corporación de su tamaño, son absorbibles. El verdadero punto es otro: la cifra refleja cuán desordenado fue el cierre del ciclo anterior.
En menos de un año, Red Bull perdió: a su jefe de equipo, a su principal formador de pilotos, y a un segundo piloto que con un auto acorde había demostrado ser un gran escudero de Verstappen.
Todo antes del mayor cambio reglamentario de la última década. La lectura es clara: el equipo eligió pagar caro ahora para no llegar fracturado a 2026. El riesgo, claro, es que el reset llegue tarde o incompleto.
El éxito de esa decisión recién se verá el año próximo. Hasta entonces, la pregunta queda flotando en el paddock: ¿fue una limpieza necesaria… o el síntoma más caro de haber dejado crecer los problemas demasiado tiempo?