500 Millas de Indianápolis, la deuda personal de Agustín Canapino
Más allá de su gran presente en el Turismo Carretera, el Titán mantiene un deseo intacto: volver a correr en el Indianápolis Motor Speedway.
Hay sueños que no se apagan con los títulos. Se silencian, se postergan, pero siguen ahí. Para Agustín Canapino, las 500 Millas de Indianápolis es eso: una cuenta pendiente que espera saldar en algún momento.
“Me gustaría poder volver a intentarlo. Antes de retirarme me gustaría tener una última oportunidad en las 500 Millas”, dijo, sin vender promesas ni generar expectativas artificiales. No habló de contratos. Habló de deseo.
MÁS QUE UNA CARRERA

Las Indy 500 no son una fecha más del campeonato del IndyCar. Se trata de una competencia donde el automovilismo se mide con la historia. Canapino ya estuvo ahí dos veces, ya lo vivió y hasta estuvo cerca de lograr un gran resultado. Tal vez por eso la espina sigue clavada.
No se trata de demostrar nada. De hecho, en esas experiencias de 2023 y 2024 junto al Juncos Hollinger Racing dejó bien claro que tiene el talento suficiente para aspirar a la victoria. Se trata de cerrar un círculo, nada más y nada menos que en el óvalo más famoso del mundo.
EL MOMENTO JUSTO

Canapino atraviesa una etapa de madurez deportiva. Por eso Indianápolis aparece ahora, no como obsesión, sino como horizonte.
¿Habrá una nueva oportunidad? No depende solo de él. Pero el deseo está dicho. Y en un piloto como Canapino, eso nunca es decorativo.
Mientras defiende el título en el TC y analiza el presente del automovilismo argentino, Canapino guarda un sueño intacto. Indianápolis no es pasado. Tampoco es urgencia. Es una deuda que espera su momento para ser pagada.



