Cuidá tu cabeza, salvá tu vida: por qué el casco sigue siendo tu mejor seguro
Por qué el uso correcto del casco puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte, y cómo reconocer uno seguro en tiempos donde la informalidad gana terreno.

Una moto se detiene en el semáforo. El conductor lleva casco, sí. Pero al mirarlo bien, uno nota que está flojo, desgastado, o sin certificación visible. Quizás lo compró en una feria, quizás fue un regalo, o simplemente lo usa por costumbre sin saber que, en caso de impacto, podría no servir de nada. Mientras las cifras de siniestros viales siguen en niveles alarmantes, ATM Seguros lanza un llamado claro y directo: usar el casco no es un trámite, es un acto de supervivencia. Y no cualquiera sirve.
LAS ESTADÍSTICAS NO MIENTEN: EL ENEMIGO ESTÁ CERCA
Según la Agencia Nacional de Seguridad Vial (ANSV), el 41% de las muertes por accidentes de tránsito en Argentina corresponde a motociclistas. De ese porcentaje, un escalofriante 65% tiene relación directa con traumatismos craneoencefálicos. Es decir, con golpes en la cabeza que podrían haberse evitado con un simple, pero vital, gesto: abrocharse el casco.

Y lo más perturbador: la mayoría de estos siniestros no ocurre en rutas ni en velocidades extremas. Ocurren a pocas cuadras de casa, en trayectos cotidianos, donde la confianza traiciona y el destino se tuerce por una decisión negligente.
Sebastián Porto, múltiple campeón de motociclismo y embajador de Seguridad Vial de ATM Seguros, lo explica con crudeza: “Yo recorrí cientos de kilómetros en moto, y si hay algo que aprendí es que ningún viaje es demasiado corto cuando se trata de proteger tu cabeza”.
USAR EL CASCO NO ES SOLO PONÉRSELO
Una de las alertas que enciende ATM Seguros es el mal uso del casco: aflojado, mal ajustado o directamente apoyado como visera. Según la OMS, un casco bien colocado puede reducir en un 70% el riesgo de muerte y en un 40% las lesiones graves. Sin embargo, 1 de cada 3 motociclistas en el país admite usarlo solo en controles policiales o avenidas transitadas.

Esto revela un patrón de conducta preocupante: una cultura del “uso condicionado” más que una conciencia real de seguridad. Como si el casco fuera una prenda incómoda que se lleva solo por obligación.
Además, proliferan los cascos no homologados, vendidos en ferias o en redes sociales, que parecen cascos pero no lo son. No cumplen normas básicas, no tienen certificación y en muchos casos apenas resisten un golpe menor. Son, en palabras de ATM, “una falsa sensación de seguridad”.
¿CÓMO RECONOCER UN CASCO SEGURO?
ATM Seguros comparte cuatro claves sencillas para saber si un casco está a la altura del desafío:
- Certificación visible: debe contar con el sello de homologación del fabricante, válido en el país.
- Cobertura completa: el casco debe cubrir cráneo, sienes y mandíbula. Los tipo “jet” o abiertos ofrecen menor protección.
- Calce firme: no debe moverse al agitar la cabeza, pero tampoco incomodar.
- Sistema de sujeción confiable: hebilla o cierre que no se abra con facilidad ante un impacto.

Un casco suelto o mal diseñado puede salir despedido en una caída, dejándote indefenso en el momento más crítico. “El cerebro humano no se reemplaza. Un golpe puede destruirlo en segundos, dejando secuelas irreversibles o quitando la vida de forma brutal”, resume sin rodeos Fernando Rodríguez, Gerente de Siniestros de ATM.
LA VIDA NO SE NEGOCIA: UNA DECISIÓN QUE CAMBIA DESTINOS
En un contexto donde los siniestros viales afectan especialmente a jóvenes de entre 18 y 35 años -en muchos casos jefes de familia o sostén económico-, la prevención no puede ser una campaña esporádica ni una imposición legal: debe ser parte de una nueva cultura vial, que entienda que subirse a una moto sin casco es como jugar a la ruleta rusa con uno mismo.
ATM Seguros insiste: la seguridad comienza con una decisión diaria. No se trata de evitar una multa, sino de evitar una tragedia.



