Lando Norris y el título que soñó toda su vida
En Abu Dhabi, el británico vivió las dos vueltas más intensas de su carrera: una mezcla de recuerdos, lágrimas y una sensación casi espiritual antes de coronarse campeón del mundo.
Lando Norris todavía está tratando de procesar lo que vivió en Abu Dhabi. No fue una definición tradicional, ni un grito, ni un estallido de euforia suelta. Fue algo más extraño, más íntimo, más cinematográfico. El flamante campeón del mundo de Fórmula 1 tuvo, en las últimas dos vueltas antes de cruzar la meta en tercer lugar, una experiencia que él mismo describe como “verme desde afuera”, como si la realidad se hubiese fracturado por un instante para dejarlo mirar su propia historia desde arriba.
Tal impactante fue esa imagen que el piloto de McLaren confesó que quiere encargar un cuadro. No de su festejo. No del podio. Sino de esa imagen exacta: la visión a través del visor, los colores papaya vibrando alrededor, los golpes del auto sobre el asfalto, y sus guantes levantándose frente a su cara cuando las lágrimas empezaron a caer. “Fue el momento. El verdadero momento”, dijo.

Esa mezcla de vértigo, nostalgia y claridad lo acompañó en un viaje mental de dos minutos: kartings de infancia, videojuegos con su papá Adam, la mirada emocionada de su mamá en el box. “Era como una película, con los flashbacks del final”, contó. Y mientras manejaba, se veía desde arriba. Una especie de desdoblamiento que inevitablemente remite a esa frase célebre de Ayrton Senna en Mónaco 1988. Norris no se anima a ubicarse en esa liga, pero lo que describe tiene el mismo ADN místico del deporte cuando roza lo inexplicable.
También temió no sentir nada. Tres vueltas antes del final se preguntó qué pasaría cuando cruzara la meta, si llegaría el impacto emocional o si lo tomaría vacío. El golpe llegó, y fue avasallante.

El título cambia todo, aunque Norris insista en que él seguirá viviendo igual: golf, pádel, amigos, familia. Lo que sí cambia es un símbolo poderoso: la elección del número 1 para 2026. “Quería mantener el 4, va perfecto con mi logo. Pero tengo que elegir el 1. Mis mecánicos y mis ingenieros se lo merecen más que yo”, explicó. Es un gesto de equipo, casi un tributo.
La vida ya le empezó a avisar que no será exactamente igual. Un simple chapuzón en la piscina del hotel alcanzó para que muchos más lo reconocieran. “La gente va a notar un poco más mi cara… lamentablemente”, bromeó con su humor habitual. Pero asegura que no cambiará su forma de vivir ni de ser.

Campeón por dos puntos sobre Max Verstappen, Norris dejó atrás cuatro años de dominio del neerlandés y un desafío feroz de Oscar Piastri, a quien elogió sin reservas: “De todos, me alegra que haya sido él el que peleó conmigo”. La rivalidad interna promete capítulos fuertes: dos talentos de élite, dos personalidades jóvenes y la sensación de que McLaren está entrando en una nueva era.
No hay respiro. Este martes, apenas 48 horas después de coronarse, Norris ya volverá a subirse al auto para probar los nuevos neumáticos Pirelli de cara al 2026. Lo hará, como él mismo admite, con una sonrisa distinta. La del tipo que cumplió el sueño más grande y ya está pensando en cómo repetirlo.
Porque eso también es parte de lo que sintió en Abu Dhabi: una mezcla de final… y comienzo.



