Gran Premio de Alemania de 1975: La joya de Carlos Reutemann

Hace 45 años el santafesino inscribió su nombre en uno de los circuitos más peligrosos del mundo: el Nordschleife de Nürburgring.

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El circuito Nordschleife, la variante más larga del autódromo alemán de Nürburgring, fue la joya del calendario de la Fórmula 1 durante los primeros 25 años de vida de la categoría. Y no era para menos. Los 22,8 kilómetros de extensión de su estrecha pista eran todo un desafío para los corredores que debían hacer a toda velocidad sus 160 curvas e incluso aguantar la respiración cuando los autos despegaban del suelo en el desnivel de Flugplatz…

Ubicado alrededor del castillo medieval de Nurburgo, en las montañas Eifel, el autódromo fue inaugurado en 1927 y se convirtió en la sede del Gran Premio de Alemania de F.1 en 1951, un año después del inicio del campeonato.

Antes de su ingreso al Mundial, la pista tenía como grandes dominadores a los pilotos germanos. De trece competencias realizadas desde su inauguración hasta 1950 (el trazado no tuvo acción en 1930 y 1933 ni durante toda la década de 1940), en nueve oportunidades la gloria quedó para los locales con Rudolf Caracciola como su máximo exponente gracias a sus cinco triunfos con Mercedes (1928, 1931, 1932, 1937 y 1939).

Sin embargo, esa supremacía cambió a partir de la llegada de Nordschleife a la Máxima y, por el contrario, jamás un teutón volvió a celebrar desde el escalón más alto del podio dejando esa satisfacción a representantes del Reino Unido, Suecia, Australia, Nueva Zelanda, Bélgica, Austria, Suiza y, por supuesto, la Argentina.

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