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Dakar

Los Patronelli, una familia con el Dakar en el ADN

Los Patronelli

Cuando Marcos y Alejandro Patronelli decidieron volver al Dakar en 2016 contaron con el apoyo del resto de su familia, como siempre sucedió. Sin embargo, la experiencia en ese retorno fue diferente porque en lugar de seguir la carrera “por afuera”, como cualquier otro espectador, el clan se sumó al equipo de asistencia de los muchachos de Las Flores.

“La idea fue de Alejandro, quien dijo que la única manera de volver al Dakar era si todos nos acompañaban. Por eso cada uno fue inscripto como mecánico para no tener ningún problema”, contó Marquitos, ganador de la carrera en cuatriciclos con Ale como escolta.

Así fue que durante dos semanas papá Roberto, mamá Mónica y los otros hermanos Gabriel (Toto), Clarita y Nello (Fafo), más Nico, el novio de Clara; se convirtieron en miembros exclusivos de la troupe dakariana.

Como ocurre en la empresa familiar -una importante fábrica de acoplados-, cada uno cumplió un rol específico. Roberto fue el chofer del enorme camper que hizo las veces de hogar itinerante y también el team-manager a cargo de recordar constantemente la estrategia de “tirar juntos y mantener el ritmo”, Mónica fue cocinera y mimadora oficial, Clarita se hizo cargo de las relaciones públicas; mientras que Toto, Fafo y Nico se desempeñaron como los celosos guardianes de los quads.

Al igual que el resto de los equipos, los Patronelli fueron de vivac en vivac cumpliendo con la exigente rutina de viajar al amanecer para llegar al punto final de cada jornada pasado el mediodía. Allí esperaban a Marcos y Alejandro, quienes según la extensión de cada etapa arribaban entre las 16 y las 18 después de pasar unas 12 horas manejando por intrincados caminos y enlaces interminables.

“Cada etapa era eterna… Me la pasé rezando”, aseguró Mónica, quien siempre despidió a sus hijos con un tierno beso y el pedido de cuidarse mucho. A las plegarias de la mamá, Clarita sumó ayuda divina extra al bendecir a los cuatriciclos todos los días “con agua bendita traída especialmente de Jordania y de siete iglesias”.

Los Patronelli

Una vez de regreso al campamento, Marcos y Alejandro dejaban los Raptor 700 en manos de Momó y Alex, los mecánicos de Yamaha Francia y los encargados de ponerlos a nuevo para el tramo siguiente. No bien eso sucedía, Toto, Fafo y Nico activaban el operativo de seguridad, que incluía alejar de una manera diplomática a los curiosos que les sacaban fotos a las máquinas y también a los rivales que intentaban saber sus secretos. De hecho, lidiaron con un miembro del staff de Rafal Sonik que dos veces en el medio de la noche llegó con la intención de comprarles algunos elementos para el cuatri del polaco. “Tenemos buena onda con Rafal, pero no estuvo bien que en plena carrera vinieran a hacer eso. Más cuando él ya había abandonado en las primeras etapas. El tipo no quería entender que los cuatriciclos no tenían nada raro… ¡Solo quienes lo manejan!”, recordó Toto con un dejo de humor.

Los viajes y la espera siempre fueron amenizadas con música, bromas constantes y los inconvenientes propios de trasladarse de un lado al otro, como encontrar la posición correcta para la antena de la TV satelital o lidiar con el equipo electrógeno y el aire acondicionado del motorhome. Pero lo que nunca faltó fue la buena onda…

“Después de tantos años corriendo, no podía ser que mis padres y mis hermanos no vivieran desde adentro un Dakar. Para ellos fue una linda experiencia”, afirmó Alejandro. “Yo estuve como en casa. Su apoyo fue fundamental porque me sentí acompañado y con todos tirando para adelante y haciendo fuerzas. Por eso la victoria tiene otro sabor”, agregó Marcos.

Para los Patronelli aquel Dakar 2016 especial, no solo por el resultado; sino por haberlo compartido en familia. Algo que no tiene precio.

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